El trovador cubano Silvio Rodríguez reflexionó sobre la actualidad de su país y afirmó que Cuba le provoca "preocupación y ocupación", al tiempo que volvió a reclamar el fin del bloqueo económico que impone Estados Unidos.
![]() Silvio Rodríguez en uno de sus conciertos por los barrios de La Habana.
© Kaloian Santos Cabrera
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"Soy un hombre hecho de verdades y, lamentablemente, también de mentiras. Prefiero las verdades", afirmó Silvio Rodríguez en una entrevista al diario mexicano "La Jornada".
"La Cuba actual me inspira preocupación y ocupación, o sea, respeto y esperanza. No soy un teórico ni un político, pero para saber bien de lo qué somos capaces se debería empezar por levantar el bloqueo", expresó el trovador cubano.
El trovador, de 67 años, aseguró que el embargo económico impuesto por Estados Unidos hace medio siglo ha distorsionado la realidad cubana y "maltratado física y mentalmente" al pueblo de la isla.
"El daño espiritual que ha recibido el pueblo cubano, el sentimiento de tener un vecino egoísta que calcula y maltrata, va a sobrevivir mucho después de los que padecimos directamente su maldad", explicó.
En la misma entrevista, Rodríguez, aclaró que no se considera un "militante comunista", aunque tampoco le molesta ser identificado de esa forma.
"No emparento la palabra con los fracasos del llamado 'socialismo real' ni con un burdo igualitarismo, sino con sentimientos de justicia social que son parte de aspiraciones humanas muy legítimas", fundamentó.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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