El cantautor peruano Andrés Soto, reconocido como "Patrimonio Cultural Vivo de la Nación" acaba de lanzar El Bribón, su primer disco después de 32 años.
Tras muchos años de ausencia el cantautor peruano Andrés Soto regresa con un nuevo disco titulado El Bribón.
El disco, formado por once canciones, contiene sus temes más exitosos como El tamalito, Negra presuntuosa, Quisiera ser caramelo o El membrillito, entre otras y también temas inéditos como Todo el día piensas, Piel de leopardo y Camina negro trabaja.
El Bribón resalta la música negra de manera universal, junto a la balada, el bolero, el foxtrot, la bachata y el jazz. Carlos Wong es quien estuvo a cargo de la orquestación y dirección, mientras que la producción discográfica recayó en Liliana Schiantarelli.
Andrés Soto Mena es sociólogo de profesión, egresado de la Universidad Católica. En 1968, funda el cuarteto vocal "Manos Duras" conjuntamente con Paco Guzmán, Daniel (Kiri) Escobar y Hugo Castillo. Años después, en la década de los setenta, sus canciones recorren ámbitos estudiantiles, laborales y artísticos hasta llegar a la radio y televisión en programas dedicados exclusivamente a la canción popular y social. Chabuca Granda lo calificó como uno de los cantautores más importantes en habla castellana.
Sus canciones han sido interpretadas por Eva Ayllón, Susana Baca, Cecilia Barraza, Inti-Illimani, Tania Libertad, Los Jairas, Julia Elena Dávalos, Richard Villalón, Cecilia Barraza y Cecilia Bracamonte, entre otros.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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