El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, recibió en el Palacio de Carondelet al cantautor argentino Fito Páez, quien se encuentra en esta capital para ofrecer un concierto en la Casa de la Cultura.

De acuerdo con El Ciudadano, periódico oficial del gobierno ecuatoriano, el jefe de Estado se mostró orgulloso de dar la bienvenida a Fito Páez, uno de los principales exponentes de la música argentina, a quien expresó su admiración en la conversación acontecida el viernes.
Por su parte, el también compositor y pianista se mostró impresionado por el mural pintado por el maestro Oswaldo Guayasamín que se encuentra en el pretil de la casa gubernamental y manifestó el placer de visitar una vez más Ecuador luego de 10 años, país que dijo conocer "desde la selva hasta Galápagos".
Páez alabó el proceso de transformaciones de la Revolución Ciudadana encabezada por Correa, e indicó que como otros gobiernos en América Latina, se intenta "un cambio tanto económico como ideológico" y evocó en este objetivo a presidentes como Evo Morales (Bolivia), Cristina Fernández (Argentina), Michelle Bachelet (Chile) y José Mujica (Uruguay).
"Me parece que hay un grupo de gente que está intentando una nueva manera de que América suene y viva mejor", expresó Fito Páez.
Tras la publicación del disco Tinc una casa al mar, Joan Isaac vuelve a editar un nuevo trabajo: Azimut, en el que se encuentra acompañado por el músico y compositor Eduard Iniesta. Durante 2023 fue publicada una recopilación antológica de la obra del artista, compuesta por veinticinco cedés, como parte de la conmemoración de sus cincuenta años de oficio y 70 de vida, que culminó con un gran concierto en El Palau de la Música catalana y la edición de Joan Isaac al Palau en 2024. Azimut es su más reciente creación, una obra protagonizada por unos textos profundamente poéticos, vestidos fundamentalmente por voz y cuerdas.
Hay discos que no necesitan levantar la voz. Azimut es uno de ellos. Joan Isaac presenta un trabajo hecho desde la contención, desde ese lugar donde la canción deja de ser ornamento para convertirse en algo casi necesario. Un disco minimalista, preciosista, trabajado con una delicadeza profundamente orgánica. Como todo en Isaac, un acto de fe.

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