El bolerista catalán Moncho inició ayer en la Sala Jamboree de Barcelona, el primero de los ocho conciertos programados en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero.
![]() Moncho en la en la Sala Jamboree de Barcelona en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero.
© Xavier Pintanel
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Lo dijo Serrat en su día: "nadie dice el bolero como Moncho" —Roma locuta, causa finita, decían los clásicos— y por si alguien tiene alguna duda solo debe acercarse estos días a la serie de ocho conciertos programados en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero de Barcelona.
Decir bien un boleto no es fácil. Frente a boleros de indiscutible calidad literaria conviven otros con letras, por decirlo de una manera suave, delirantes —analicen a modo de ejemplo Obsesión de Pedro Flores o Somos novios de Armando Manzanero—. Hay que saberlos decir muy bien para no caer en la astracanada.
Y Moncho —lo entronizó Lucho Gatica— es el Rey del bolero y efectivamente los dice como nadie, los hace creíbles, cercanos, profundos, capaces de traspasar cualquier barrera intelectual y de desarmar los argumentos más racionales.
Moncho es además, Rey por derecho. Gitano, catalán y de barrio humilde, no se llega al trono sino es con estudio, trabajo, esfuerzo, pasión y altas dosis de talento.
Moncho es el Rey en la República de Bolero. Y no piensa abdicar. Ni se lo íbamos a permitir.
![]() El maestro José Luis Quintana «Changuito» acompañó en un tema a Moncho.
© Xavier Pintanel
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El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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