El bolerista catalán Moncho inició ayer en la Sala Jamboree de Barcelona, el primero de los ocho conciertos programados en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero.
![]() Moncho en la en la Sala Jamboree de Barcelona en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero.
© Xavier Pintanel
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Lo dijo Serrat en su día: "nadie dice el bolero como Moncho" —Roma locuta, causa finita, decían los clásicos— y por si alguien tiene alguna duda solo debe acercarse estos días a la serie de ocho conciertos programados en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero de Barcelona.
Decir bien un boleto no es fácil. Frente a boleros de indiscutible calidad literaria conviven otros con letras, por decirlo de una manera suave, delirantes —analicen a modo de ejemplo Obsesión de Pedro Flores o Somos novios de Armando Manzanero—. Hay que saberlos decir muy bien para no caer en la astracanada.
Y Moncho —lo entronizó Lucho Gatica— es el Rey del bolero y efectivamente los dice como nadie, los hace creíbles, cercanos, profundos, capaces de traspasar cualquier barrera intelectual y de desarmar los argumentos más racionales.
Moncho es además, Rey por derecho. Gitano, catalán y de barrio humilde, no se llega al trono sino es con estudio, trabajo, esfuerzo, pasión y altas dosis de talento.
Moncho es el Rey en la República de Bolero. Y no piensa abdicar. Ni se lo íbamos a permitir.
![]() El maestro José Luis Quintana «Changuito» acompañó en un tema a Moncho.
© Xavier Pintanel
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Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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