El bolerista catalán Moncho inició ayer en la Sala Jamboree de Barcelona, el primero de los ocho conciertos programados en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero.
![]() Moncho en la en la Sala Jamboree de Barcelona en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero.
© Xavier Pintanel
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Lo dijo Serrat en su día: "nadie dice el bolero como Moncho" —Roma locuta, causa finita, decían los clásicos— y por si alguien tiene alguna duda solo debe acercarse estos días a la serie de ocho conciertos programados en el marco de la segunda edición del Festival Ron Varadero del Bolero de Barcelona.
Decir bien un boleto no es fácil. Frente a boleros de indiscutible calidad literaria conviven otros con letras, por decirlo de una manera suave, delirantes —analicen a modo de ejemplo Obsesión de Pedro Flores o Somos novios de Armando Manzanero—. Hay que saberlos decir muy bien para no caer en la astracanada.
Y Moncho —lo entronizó Lucho Gatica— es el Rey del bolero y efectivamente los dice como nadie, los hace creíbles, cercanos, profundos, capaces de traspasar cualquier barrera intelectual y de desarmar los argumentos más racionales.
Moncho es además, Rey por derecho. Gitano, catalán y de barrio humilde, no se llega al trono sino es con estudio, trabajo, esfuerzo, pasión y altas dosis de talento.
Moncho es el Rey en la República de Bolero. Y no piensa abdicar. Ni se lo íbamos a permitir.
![]() El maestro José Luis Quintana «Changuito» acompañó en un tema a Moncho.
© Xavier Pintanel
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En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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