La soprano Isabel Álvarez, el pianista Iñaki Salvador y el vientista Andreas Prittwitz acaban de lanzar Beau soir, un disco con 12 piezas de música clásica, desde Johannes Cicconia a Carl Orff, pasando por Debussy, Strauss o Georges Gershwin.
El bajo ostinato estaba presente en Monteverdi, O en Bach. O en Hidalgo. En la Edad Media. Cicconia se decantaba por el efectismo y la improvisación. También Orff. También Chopin. Satie y Debussy se inspiraron en el Ragtime para algunas de sus obras…
Aprovechando estos lazos históricos de la música culta con la improvisación la soprano Isabel Álvarez, el pianista Iñaki Salvador y el vientista Andreas Prittwitz han querido jugar en Beau soir a crear climas diversos, a veces íntimos, a veces explosivos, a veces oscuros, inspirados por las hermosas melodías que escribieron estos compositores entre el siglo XIV y el XX.
Isabel Álvarez (Donostia, Euskadi 1958) estudió canto con Rita Streich y Arte Dramático con D. Bulter-Marel en la Folkwang-Hochschule de Essen (Alemania) y en Milán (Italia) con Carla Castellani. Realiza cursos de especialización con Lucia Mewsen (renacimiento), Marius van Altena (barroco), Alfredo Kraus (ópera) y Esperanza Abad (contemporánea).
Iñaki Salvador (Donostia, Euskadi 1962) es pianista, compositor y arreglista. Ha editado once discos en solitario y ha colaborado en conciertos y grabaciones con los mejores músicos de jazz españoles y también con cantautores como Mikel Laboa, Mikel Markez o Imanol. Trabaja asiduamente con Javier Ruibal en conciertos a dúo.
Andreas Prittwitz (Munich, Alemania 1960) es flautista (flauta de pico), clarinetista y saxofonista. Especializado como productor artístico y músico de sesión, ha trabajado con Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Víctor Manuel y Ana Belén, Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Manolo Tena o José Antonio Ramos. Es el vientista habitual de la banda de Javier Krahe.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos