El grupo humorístico regresa hoy y por últimas tres semanas este año al teatro ubicado en Corrientes 857, Buenos Aires (Argentina), con una antología de grandes éxitos que reúne algunos de los sketches más memorables de su larga trayectoria.

Télam - Viejos hazmerreíres es una antología de grandes éxitos de Les Luthiers, pero con un total reordenamiento de las escenas: los momentos más brillantes y reideros del grupo pero en un nuevo contexto.
Así, cuadros de los espectáculos Todo por que rías, Los premios Mastropiero, Por Humor al arte y Lutherapia, se suceden encadenados en esta propuesta del grupo humorístico.
Viejos hazmerreíres tiene una gran unidad porque todas sus escenas fueron adaptadas para formar parte de una misma transmisión de radio, la recordada Radio Tertulia, nuestra opinión y la tulia.
Así, por ejemplo, se verán la zarzuela de Las Majas del Bergantín, Quién mató a Tom Mc Coffee o La cumbia epistemológica intercalados con las enseñanzas del gurú Sali Baba, los delirios del hombre que vio a los marcianos o las canciones del imposible grupo London Inspection.
Todo presentado por los habituales disparates de Ramírez y Murena, los locutores de Radio Tertulia, que comentan lo que venga, desde la extradición de un narcotraficante, hasta la fecundación asistida pasando por la terrible telenovela Alma de Corazón.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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