Javiera Mena (Santiago de Chile, 1983) publica este martes Otra Era, su tercer álbum, que llega cuatro años después de Mena y tras 8 desde su debut con Esquemas Juveniles. Tres trabajos bien espaciados en el tiempo porque hacer un disco no es cualquier cosa, sino más bien todo lo contrario. "Es muy solemne hacer un disco", recalca la chilena a Europa Press.
EP/David Gallardo - "La gente ya ni escucha los discos enteros, va de canción en canción, pero yo me crie con los discos y en mi chip tengo programado que necesito seguir haciéndolos. Necesito concentración para escucharlos, son algo muy importante, como una película, un lugar con diferentes momentos, una narración", prosigue Javiera Mena.
A pesar de la relevancia que ella le otorga al disco, lo cierto es que Otra Era llega precedido de dos avances ya estrenados durante los últimos meses, las canciones Espada y La Joya, algo que de alguna manera se hace necesario debido a las exigencias del público y "para no desaparecer del todo".
"Se trataba de ir dando movimiento al proyecto. Sacar una canción suelta es súper común y nos sirvió para comunicarnos con el público. Además, la gente está necesitando canciones todo el tiempo por la sobredosis de información actual. Siempre tienes que estar dando algo", apunta.
"Disco electrónico pero cálido"
Sobre el resto del contenido de Otra Era, Javiera explica que se trata de un disco electrónico que "habla constantemente del deseo y la búsqueda, pero abordado desde una especie de héroe conquistador" que es el eje de la historia a través de una decena de canciones.
"Todo parte de mi computadora, que es el instrumento que más domino. Fui programando durante viajes por América y España, y luego lo pasé a sonidos más nobles con sintetizadores reales. Mi desafío era que fuera electrónico pero cálido, algo que se puede lograr con sintetizadores, con la voz, con la intención", detalla.
Durante el último lustro, Javiera, que cuenta con una base de fans grande en su Chile natal, se ha convertido en un nombre habitual también en España. "Siento que me han abierto las puertas de par en par", admite, para después manifestar su intención de "seguir avanzando".
Este desembarco en España forma parte, a su juicio, de un "intercambio cada vez mayor" entre lo que sucede a ambos lados del Atlántico, algo que se ha acrecentado en la última década, "con internet a tope para comunicarse, lo cual permite que la información cruce rápidamente".
"Las mentes van hacia ambos lados y nos entendemos más, porque como americanos y españoles estamos dejando de mirar a los gringos y a los guiris y nos fijamos más en nuestra propia cultura hispanoamericana", sentencia Javiera, quien termina lanzando al aire un deseo para el futuro inmediato: "Me gustaría tocar en el 80 por ciento de los festivales de México, España y Latinoamericana".
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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