El líder de Podemos, Pablo Iglesias, compartió escenario el pasado jueves con el cantautor Javier Krahe para cantar a dúo Cuervo Ingenuo, la canción con la que Krahe cargó contra las promesas incumplidas de Felipe González en los ochenta. Eso sí, Iglesias hizo su propia versión para acusar a los actuales socialistas de sumisión a la Alemania de Angela Merkel.

EP - Cuervo Ingenuo, la canción de Javier Krahe reprochaba al entonces presidente del gobierno español Felipe González haber incumplido su promesa de sacar a España de la OTAN y le afeaba la reconversión industrial, entre otras cosas, y se preguntaba si el PSOE era de verdad socialista y obrero, incluso si era español o también americano.
En la versión de Iglesias, el PSOE es también "de Alemania" y quien es "muy absorbente" ya no es el "gringo", sino "Merkel", unos 'arreglos' muy aplaudidos por el público de la madrileña sala Galileo, tal como muestra el vídeo difundido en Youtube.
El expresidente socialista Felipe González se ha convertido en uno de los objetivos favoritos de los ataques de Pablo Iglesias, entre otras cosas por su presencia en el consejo de administración de Gas Natural.
Iglesias afirmaba al principios de año en su página de Facebook que el regalo de Reyes que quería era, precisamente, cantar 'Cuervo ingenuo' con Krahe.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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