Durante dos horas, los policías junto a una testigo del hecho realizaron un levantamiento fotográfico del lugar donde hace 36 años fueron arrojados los cuerpos del artista y otras tres víctimas, Litre Quiroga, Eduardo Paredes y un N.N.
Por Luis Narváez para La Nación
![]() Mónica Salinas asegura que, junto a una amiga, entre el 15 y el 16 de septiembre de 1973 encontraron cuatro cuerpos a un costado del Cementerio Metropolitano. Uno de ellos, dice, era el del cantautor.
© Margarita Urzúa
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Tres veces, Mónica Salinas ha tenido que realizar la misma tarea: caminar desde su casa hasta un sitio eriazo ubicado a un costado del Cementerio Metropolitano. La primera vez que lo hizo, en septiembre de 1973, junto a una amiga, encontraron cuatro cadáveres. Uno de los cuerpos inmóviles era el de Víctor Jara.
La segunda ocasión fue en junio, cuando contó a La Nación su experiencia. Ayer, la anciana mujer fue llevada hasta el lugar por Carabineros, para oficializar su declaración sobre este hecho, que había sido un misterio hasta este año.
Hace un mes, el ministro Juan Fuentes Belmar entregó al OS-9 de Carabineros una orden para investigar el crimen de Víctor Jara y el de Litre Quiroga, ex director de Gendarmería. Es la primera vez que esta institución participa en el caso.
Junto a Mónica Salinas, realizaron la reconstitución del momento en que la mujer encontró los cuatro cuerpos que dice haber visto una mañana, entre el 15 y 16 de septiembre.
Los funcionarios tomaron notas y fotografías del lugar, incluida una recreación de la forma en cómo estaban dispuestos en el suelo los cadáveres.
Fuentes dijeron que la versión que entregó la mujer es la misma relatada a La Nación, en junio.
Su testimonio indica que habían escuchado un rumor de que en ese lugar (ver infografía) estaban arrojando muertos.
"Los cuerpos estaban en el suelo, boca abajo y alineados uno junto a otro, separados así tanto (con las manos dibuja en el aire una huincha de medir imaginaria, que simula un metro)", dijo.
La señora Mónica conocía perfectamente al cantautor. Sólo dos meses antes lo había visto, guitarra en mano, interpretar su música frente a un grupo de pobladores.
"Yo ubicaba a Víctor Jara y le dije a la Maiga (ya fallecida) que lo conocía. Le limpiamos bien la cara, porque la tenía llena de sangre seca, roja oscura. Tenía puesto no recuerdo bien si era un chaleco o algo parecido, de color verde, y se notaban agujeritos en la ropa, de donde le había salido sangre".
Entonces, "le revisamos las manos para ver si le encontrábamos una argolla o algo y no podíamos creer cómo se las habían dejado: las tenía todas hechas tira y yo le movía los dedos, pero era como si no tuviera hueso. La cabeza la tenía hecha tira también".
Comenta luego que "no estaban tiesos, porque los dimos vuelta con facilidad. No vimos balas en el suelo, porque había mucho pasto".
Las mujeres siguieron con el segundo cuerpo, el que resultó ser de Litré Quiroga. Al tercero no lo pudieron identificar. Al ver el siguiente cadáver, relata Mónica, "mi amiga me dice que era el del Coco (Paredes), que tenía un hoyo en el estómago, de donde se le salían las tripas".
En los próximos días, el juez Fuentes Belmar tomará declaración judicial a la mujer. En el caso de Quiroga, se trata de un antecedente más que refuerza la necesidad de exhumar su cadáver para determinar la causa de su muerte, sus lesiones y el tipo de armamento que se utilizó para liquidarlo.

El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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