Querido Silvio:
No voy a esconderte que te he negado en alguna ocasión. No en una ni en tres, en muchas. Pero sé que no me lo tienes en cuenta. Al cabo ya tú sabes que yo siempre ando de joda y vosotros los genios siempre estáis dando motivos. También Pedro negó a Jesucristo y salvando las distancias porque yo no quiero ser obispo de Roma —llevo mal lo del celibato— ni tú querrás que te crucifiquen, salvando las distancias decía, Jesús ante tanto apóstol lameculo escogió a Pedro como la primera piedra de su Iglesia y su representante en el mundo terrenal.
Pero hoy me apetece otra cosa. Decirte, por ejemplo, que sin ti yo sería otro y seguramente otro peor. Y decirte, aunque tú ya lo sabes, que somos legión los que gracias a ti hemos crecido más sanos y más sabios. Y decirte que, a pesar de todo, creo en ti, trovador todopoderoso creador de cielos y tierras, y creo en tus hijas, las canciones, concebidas por obra y gracia de tus manos —todo es culpa de tus manos— y al amparo de algún otro dios aburrido que quiso poner a prueba los límites de la creación humana.
Y si vengo así de sumiso es porque hoy te he visto en concierto y, qué quieres que te diga, se me han hiperoxigenado las glándulas del sentimiento. Y cómo no iba a ser así. Vivo en un país cada día menos libre y donde los canallas nos disparan con los cañones de siempre. Andamos faltos de cariño y entonces llegas tú, con un repertorio sin riesgo plagado de grandes éxitos y nos vas colocando las canciones en el vacío de nuestra alma como quien juega al tetris, sin dejar una sola línea con espacios vacíos y batiéndonos todos los records de puntuación.
Y eso que yo estaba sentado al lado de aquella italiana malfollada que no dejaba de jodernos con sus gritos de poseída por legión de diablos y delante de aquel tipo que cantaba tus canciones un compás siempre por delante de ti. Pero a mí de daba igual. Andaba yo como la beata frente a su santo.
Y me han gustado los nuevos arreglos. Son valientes. Mucha flauta quizás, pero entiendo que hasta tú tienes una santa a quien rezar. Y me has desmontado con la versión de "Te perdono" de Noel. Llegado a este punto yo te lo hubiera perdonado todo. Aunque me hubieras besado con tanta alevosía.
Y luego tu generosidad al invitar a Karel García, que se ha mostrado un tanto nervioso, pero quién no.
Y agradezco la seriedad con la que se ha planteado el espectáculo y constatar la falta de concesiones a la farándula en estos tiempos donde todo está en venta.
Y me ha gustado que te mostraras tan locuaz, como en los setenta. Hace mucho tiempo que no te notaba feliz en un escenario y eso se transmite. Y me has hecho feliz en la butaca y me gustaría poder devolverte parte de esa felicidad.
Seguramente, en pocas semanas, yo volveré andar de joda y tú volverás a dar motivos, pero escucha, seguiré creyendo en ti.
Anda, cuídate. Te quiero.
Pero no te acostumbres.
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En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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