En su VIII versión, Sello Azul convoca a todos los músicos chilenos —autores y artistas residentes en Chile— que no cuenten con el apoyo de ningún sello discográfico, a participar en el concurso público destinado a difundir la música independiente.
Los artistas seleccionados tendrán la posibilidad de publicar sus producciones y trabajar en la promoción y marketing de sus trabajos por un periodo de un año. Además, accederán a difusión en medios de comunicación, material audiovisual para campañas en plataformas digitales y la realización de un videoclip.
Para postular, los artistas deberán tener una producción discográfica totalmente terminada e inédita, con un mínimo de 7 canciones. La placa debe tener un nivel profesional y puede pertenecer a cualquier género de la música popular. Ésta no puede haber sido publicada, comercializada o distribuida a los medios de comunicación con anterioridad al proceso del presente concurso. Los músicos preseleccionados serán convocados a realizar una audición en vivo.
Los concursantes deberán presentar 3 copias de las grabaciones en disco compacto y llenar la ficha de postulación disponible en el sitio web www.selloazul.cl.
El plazo de postulación culmina el 9 de enero de 2015 a las 14:00 horas. Los interesados deberán dejar su material en las oficinas de la Fundación Música de Chile, ubicadas en Bernarda Morín 440, Providencia, Santiago.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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