La destacada cantautora cubana Liuba María Hevia ostenta hoy la Medalla Alejo Carpentier, otorgada por el Consejo de Estado de la isla en reconocimiento a su aporte a la cultura nacional.

El Consejo de Estado de la República de Cuba, otorgó la Medalla Alejo Carpentier a la popular cantautora Liuba María Hevia, en reconocimiento a su aporte a la cultura nacional.
"Su obra nos enamora y nos ensancha", exclamó el destacado compositor y pianista José María Vitier en acto celebrado en el Museo de Artes Decorativas de esta capital.
"Desde que surgió aportó un timbre inédito, un color irrepetible y que sin embargo el pueblo supo reconocer de inmediato como algo esperado, deseado y necesario", añadió.
El ministro de Cultura de Cuba, Julián González, entregó la condecoración a Liuba María Hevia que recién cumplió 50 años de edad en un concierto a teatro lleno donde deleitó con un paseo por numerosos géneros como la guajira, el tango y la canción infantil.
En el acto estaban presentes también María Elena Salgado, viceministra primera del ramo; Abel Acosta, viceministro, y Orlando Vistel, presidente del Instituto Cubano de la Música, así como destacadas figuras del medio artístico, y trabajadores del Centro Nacional de la Música de Concierto, del Instituto Cubano de la Música y del Ministerio de Cultura.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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