El cantautor y guitarrista uruguayo Nico Ibarburu editó recientemente su primer disco solista "Anfibio" y lo estrenará el 24 de septiembre en la Sala Zitarrosa de Montevideo y el 26 en La Trastienda Club de la capital porteña.
Télam – Nico Ibarburu desde el año 1992 se viene desempeñando en grabaciones y conciertos de distintos artistas de la talla de Adriana Varela, Emanuel Horvilleur, Fito Páez, Jaime Roos, Rubén Rada, Fernando Cabrera, Guillermo Vadalá y Javier Malosetti, entre otros.
En 1994 formó junto a su hermano Martín, Gustavo Montemurro y Federico Righi la banda Pepe González, ese mismo año colaboró con Rada como músico y arreglador y desde 1995 forma parte de la banda estable de Jaime Roos.
También formó parte como guitarrista de las bandas de Fito Páez, Hugo Fattoruso, Dante Spinetta, Martín Buscaglia (obtuvo en 2007 el premio Gardel al mejor álbum pop por "El evangelio según mi jardinero"), Alberto Magnone y Horacio Ferrer.
El sonido de su placa solista es bien montevideano, de gran interés cultural, ya que refleja el ritmo nativo del candombe fusionado con el funk y el rock.
Temas propios del estilo de "Despierta", "Espejismo", "Templando momentos", "Valentín" y "Luna turquesa", se combinan con otros como "El perfume" y "Lobo war" con letra de Nico Cota, "Amainará" con Martín Buscaglia e "Infinitas veces de Pablo "Pinocho" Routín.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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