Jaume Sisa, Quimi Portet y Joan Miquel Oliver representan tres ejemplos evidentes del individuo que ha sabido hacerse entender.

Entre los tres suman cerca de 400 canciones, todo un universo que, en realidad, son tres universos con órbitas propias unidos por un hilo invisible que los más osados denominan tradición. Los tres en el escenario ofrecen un concierto sin precedentes: amenazaban molestarse entre ellos, pero han acabado como chiquillos en una pastelería inventando la música de los astros.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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