A Drexler lo arrancaron de sus vacaciones pero vino, vio y venció.
Jorge Drexler no vino a hacer un concierto. Estaba de vacaciones, lo llamaron para el festival Acústica de Figueres y se planteó el concierto como una actividad estival más. Y le salió bien.
Drexler planteó el concierto a modo de divertimento. Se permitió la licencia de hablar con el público, preguntarles qué querían escuchar y, lo más insólito, hacerles caso y cantar lo que pedían. Y el público por pedir pedía desde La huella de tu mirada, canción que Drexler no interpretaba desde que la grabó en el disco Llueve, hasta la Garota de Ipanema que improvisó como pudo.
Aunque el Claustre Ramon Muntaner estaba con todos los boletos vendidos, la acústica y el respeto del público le permitieron cantar varias canciones totalmente desenchufado, esto es, sin micros ni ningún tipo de amplificación.
El trovador uruguayo estaba a gusto y supo contagiar esta sensación al público. Era Drexler tocando en el salón de su casa. Esta situación le permitió, a parte de interpretar también sus grandes éxitos, “jugar” con versiones y así interpretó el Billie Jean de Michael Jackson por milongas. También por milongas y también en inglés a Leonard Cohen, en portugués a Caetano Veloso, en italiano a Luigi Tenco y en catalán al grupo Gossos.
Jorge Drexler consiguió emocionar y divertir y realizó un concierto único e irrepetible. Una guitarra y un trovador, nada más. Más de uno recordó porqué le gusta la trova.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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