A Drexler lo arrancaron de sus vacaciones pero vino, vio y venció.
Jorge Drexler no vino a hacer un concierto. Estaba de vacaciones, lo llamaron para el festival Acústica de Figueres y se planteó el concierto como una actividad estival más. Y le salió bien.
Drexler planteó el concierto a modo de divertimento. Se permitió la licencia de hablar con el público, preguntarles qué querían escuchar y, lo más insólito, hacerles caso y cantar lo que pedían. Y el público por pedir pedía desde La huella de tu mirada, canción que Drexler no interpretaba desde que la grabó en el disco Llueve, hasta la Garota de Ipanema que improvisó como pudo.
Aunque el Claustre Ramon Muntaner estaba con todos los boletos vendidos, la acústica y el respeto del público le permitieron cantar varias canciones totalmente desenchufado, esto es, sin micros ni ningún tipo de amplificación.
El trovador uruguayo estaba a gusto y supo contagiar esta sensación al público. Era Drexler tocando en el salón de su casa. Esta situación le permitió, a parte de interpretar también sus grandes éxitos, “jugar” con versiones y así interpretó el Billie Jean de Michael Jackson por milongas. También por milongas y también en inglés a Leonard Cohen, en portugués a Caetano Veloso, en italiano a Luigi Tenco y en catalán al grupo Gossos.
Jorge Drexler consiguió emocionar y divertir y realizó un concierto único e irrepetible. Una guitarra y un trovador, nada más. Más de uno recordó porqué le gusta la trova.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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