Fotografías de Susana Ruiz Pizarro y Texto de Ricardo Venegas para La Nación Domingo

A todos nos tocan momentos difíciles y nuestra tendencia natural es no saber cómo salir y cuestionarnos del ¿por qué a mí? Después de un cáncer a la médula y 2 transplantes, me tocó hacerme la pregunta. Y la respuesta fue que todo depende de uno, de las ganas, las fuerzas y la energía para salir adelante y aferrarse a una pasión que te soporte, que para mí ha sido la música.
Después de más de 30 años en el Quilapayún, sigo sintiendo las mismas ansias, motivaciones y compromisos. No ha sido fácil. El tiempo pasa, las energías disminuyen y el cuerpo ya no es el mismo (usted lo puede notar). Para muchos, los 60 años, es el comienzo del fin de la vida, pero para mí, es una edad en la cual aún queda mucho por hacer, por aprender y por re-inventarse día a día, con ganas y con comPASIÓN.



Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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