Fotografías de Susana Ruiz Pizarro y Texto de Ricardo Venegas para La Nación Domingo

A todos nos tocan momentos difíciles y nuestra tendencia natural es no saber cómo salir y cuestionarnos del ¿por qué a mí? Después de un cáncer a la médula y 2 transplantes, me tocó hacerme la pregunta. Y la respuesta fue que todo depende de uno, de las ganas, las fuerzas y la energía para salir adelante y aferrarse a una pasión que te soporte, que para mí ha sido la música.
Después de más de 30 años en el Quilapayún, sigo sintiendo las mismas ansias, motivaciones y compromisos. No ha sido fácil. El tiempo pasa, las energías disminuyen y el cuerpo ya no es el mismo (usted lo puede notar). Para muchos, los 60 años, es el comienzo del fin de la vida, pero para mí, es una edad en la cual aún queda mucho por hacer, por aprender y por re-inventarse día a día, con ganas y con comPASIÓN.



En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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