El cantautor francófono de origen armenio Charles Aznavour lanzará el próximo 4 de mayo —poco antes de cumplir los 91 años— Encores (Bises), su 51 álbum de estudio, compuesto y arreglado íntegramente por él.
Charles Aznavour, su eterna juventud, su fuerte carácter, mezcla de alegría, claridad e inocencia. Una lección de vida que él está dispuesto a compartir una y otra vez. Esto es lo que muestra con su nuevo álbum —el 51 de su carrera—, titulado apropiadamente Encores (Bises) como un guiño a las peticiones del público al artista al final de un concierto.
Encores está escrito y arreglado íntegramente por Charles Aznavour. En él aborda sus recuerdos —el sencillo Avec un brin de nostalgie (Con un poco de nostalgia)—, pero también la alegría de vivir, de compartir Encores con aquellos que lo quieren y lo siguen.
El álbum también habla de su juventud en las calles de Montmartre, sus recuerdos con Edith Piaf, el paso del tiempo y el horror de la guerra.
El disco cuenta también con la colaboración la revelación del soul Benjamin Clementine en You’ve Got To Learn, una adaptación de la canción Il faut savoir).
El álbum está arreglado por el propio Aznavour, producido por Marc di Domenico (quien también produjo el álbum de Henri Salvador Chambre avec vue en 2001), y cuenta con la dirección artística de Misha Aznavour, uno de los hijos de Charles.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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