Lucía Huergo, una de las grandes creadoras de la música cubana, pionera de tendencias, experimentadora, con sello personal multifacético, original y muy agudo, falleció en la madrugada de hoy en La Habana, víctima de un carcinoma de pulmón.
![]() Lucía Huergo en «El jardín de la Gorda»
© Roberto Chile
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La destacada instrumentista cubana Lucía Huergo falleció a las 4:26 de este viernes en La Habana a los 63 años de edad víctima de un carcinoma de pulmón.
Lucía fue una diestra instrumentista del saxofón soprano, la flauta, el clarinete, el oboe, los teclados electrónicos y el universo de la computación y las programaciones, arreglista, compositora y productora; dejó una huella indeleble en la espiritualidad criolla y por su estudio Lucero Record desfiló lo más auténtico de la música creada en este país.
Lucía Huergo formó parte de grupos como Síntesis y Mezcla y acompañó en diversas épocas a Amaury Pérez, Sara González o Liuba María Hevia.
Clásicos son composiciones suyas como Asoyín y Meregguo, que aparecen en el disco Ancestros de 1987 con el grupo Síntesis, que muchos bautizaron como nueva tendencia del rock cubano.
Con sólidos conceptos musicales, un rigor admirable y una inquietud creativa ajena a los límites, a Lucía Huergo deben mucho sus colegas músicos y el patrimonio sonoro cubano, por ella enriquecido como compositora, instrumentista y las otras muchas facetas que cultivó como artista y como ser humano noble y generoso.
Entre sus más recientes entregas figura la música original para la coreografía Punto ciego, de la gran bailarina y coreógrafa Rosario Cárdenas, en la que Lucía captó las inquietudes existenciales de los seres humanos de esta época, el riesgo de dejar de percibir asuntos vitales ante la dinámica enloquecida de los tiempos y la necesidad de estar alertas ante la realidad sin deshumanizarnos.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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