La compañía Danza en Cruz celebra 20 años de trayectoria con el estreno de una obra dirigida por Martín Andrade Reyes que rescata la idea original que Violeta Parra tuvo para El gavilán.

1957. Violeta Parra tiene 40 años y un proyecto ambicioso. La idea se llama El gavilán, un ballet folclórico en tres momentos sobre amor y desamor. Pero la idea no se concreta y seis años más tarde tiene una realización mucho más humilde: acompañada por su nieta, Violeta graba El gavilán en su casa.
Ahora la Compañía Danza en Cruz rescata esa idea original de Violeta Parra para celebrar sus 20 años de trayectoria. Fragmentos de un gavilán toma la primera y la última parte de la composición, para proponer a través de imágenes, sensaciones, teatralidad y movimiento un viaje por el imaginario de Violeta Parra.
"Los personajes caminan juntos para rechazarse, para sostenerse, para necesitarse, para poseerse y dominarse, fiel a un guion dramatúrgico de Violeta Parra, pero con la particularidad que en esta oportunidad propone tomar también la imagen de mujer como protagonista y sustentadora de una imagen poderosa y patriarcal, lo que normalmente correspondería a una imagen masculina, todo esto para dar paso a un juego que no está libre de ironía, y que inevitablemente sumerge a ambos en una carrera por resistir el embate de esta imagen de poder", explica Martín Andrade Reyes, joven coreógrafo que creó y dirige la obra.
Andrade integra la compañía Danza en Cruz, dirigida por Valentina Pavez y Rodrigo Fernández. Durante 20 años la compañía independiente ha formado su identidad en la fusión de danza contemporánea con el rescate de elementos de la cultura popular, por ejemplo en obras como Santa fiesta y Matadero alma.
Fragmentos de un gavilán podrá verse en el GAM, Centro Gabriela Mistral de Santiago de Chile hasta el 31 de mayo.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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