Más allá de su celebrado homenaje a Chavela Vargas —De un mundo raro. Cantes por Chavela— la sociedad entre Maribel Quiñones «Martirio» y su hijo Raúl Rodríguez nos ha regalado magníficas reinterpretaciones de la canción hispana y el bolero a través de discos como Flor de piel, Mucho corazón y Primavera en Nueva York.

En la voz de Martirio y el acompañamiento cómplice de Raúl, clásicos como Si yo te contara o No puedo callar y autores como Félix Reina y Marta Valdés alcanzan el enlace perfecto con la estética del filin que une la melodía latina con la rítmica del jazz.
Un privilegio absoluto sentir el arte de Martirio y Raúl Rodríguez en la proximidad del Jamboree.
Martirio voz, Raúl Rodríguez guitarra y tres.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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