Más allá de su celebrado homenaje a Chavela Vargas —De un mundo raro. Cantes por Chavela— la sociedad entre Maribel Quiñones «Martirio» y su hijo Raúl Rodríguez nos ha regalado magníficas reinterpretaciones de la canción hispana y el bolero a través de discos como Flor de piel, Mucho corazón y Primavera en Nueva York.

En la voz de Martirio y el acompañamiento cómplice de Raúl, clásicos como Si yo te contara o No puedo callar y autores como Félix Reina y Marta Valdés alcanzan el enlace perfecto con la estética del filin que une la melodía latina con la rítmica del jazz.
Un privilegio absoluto sentir el arte de Martirio y Raúl Rodríguez en la proximidad del Jamboree.
Martirio voz, Raúl Rodríguez guitarra y tres.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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