El 9 de julio de 2011 Facundo Cabral fue asesinado en Ciudad de Guatemala, luego de un atentado en contra de Henry Fariña, empresario que iba manejando el carro en el que viajaba Cabral hacia el aeropuerto para continuar su viaje a Nicaragua.

Rodolfo Enrique Cabral nació el 22 de mayo de 1937 en La Plata, Buenos Aires, Argentina. Autor de canciones como No soy de aquí ni soy de allá, entre muchas otras y con una discografía que alcanza los 30 títulos. Además de sus reconocidas composiciones de trova y sus monólogos con anécdotas personales y parábolas de contenido social y político con las que buscaba despertar la conciencia social, Cabral se caracterizó por su faceta de poeta, escritor, dibujante y filósofo.
En su infancia tuvo que trabajar en la calle y hasta los 14 fue analfabeto. Durante la dictadura, considerado un cantautor de protesta, tuvo que abandonar su país y se radicó en México, donde continuó componiendo y haciendo presentaciones. Regresó en 1984 y retomó sus recitales en todo el país.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -Unesco- lo declaró "Mensajero mundial de la paz" en el año 1996. También, el presidente costarricense Oscar Arias Sánchez lo propuso para el Premio de Nobel de la Paz y fue Miembro honorario de Amnistía Internacional.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos