La cantante y compositora argentina Adriana Nano lanzó Bosque, un trabajo conceptual que reúne un puñado de canciones íntimas que está presentando en Italia, al que la creadora describió como "un recorrido que cuenta y dibuja el mapa de un territorio interior: el bosque".
Télam - "De alguna manera todos mis discos tienen un guion y en este en particular todos los temas hilvanados a través de una experiencia íntima con el mundo natural", explicó Adriana Nano en charla con Télam.
Como en sus discos anteriores, su octavo trabajo, Bosque, se inscribe dentro de la música popular argentina, aunque esta vez sobrevuela en las canciones un aire folclórico que se aleja totalmente de la impronta tanguera que venía cultivando en sus primeros trabajos. "Todo siempre está dentro de la música nuestra, de nuestro lugar", destacó.
La mitad de las piezas de Bosque son propias, mientras que el resto corresponde a duplas de autores como María Elena Walsh y Jairo (Queda tan lejos), Martín Buscaglia y Eduardo Mateo (Príncipe azul) y J. Lazbal (Bosques azules y Nombro al fuego y al silencio), entre otros.
Ahondando en el concepto del álbum, Nano indicó que "en estas canciones todos los personajes están diciendo quien soy; todos los personajes son la sabia que alimenta el bosque. Todos vivimos en un bosque; cada uno tiene su bosque".
"Acá hago mucho hincapié en las melodías y en las letras. Todo el disco es como un relato cantado, es como un cuento", graficó.
Nominada dos veces para los Grammys y dos para los premios Gardel, la cantante se encuentra en Italia, donde viajó para presentar el disco en las ciudades de Verona, Venecia y Vittorio Veneto (lugares donde ya había actuado y donde fue convocada para presentar el disco) junto al guitarrista uruguayo Gustavo Suárez.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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