Ángel Parra y el cuarteto de guitarras Diapasón Porteño llegarán al Teatro Nescafé de las Artes de Santiago (Chile) el 30 de octubre para presentar oficialmente el disco Mi Primer Tango en París después de haber cancelado una presentación hace exactamente un año.

Consolidado como uno de los grandes referentes de la Nueva Canción Chilena, el hijo de Violeta Parra sorprende gratamente a los tangueros recordando al inolvidable Carlos Gardel con Mi Primer Tango en París, un álbum que recoge 14 canciones, grabadas entre agosto de 2013 y febrero de 2014 en Viña del Mar.
La elección de Ángel Parra recae en los temas antológicos del amplísimo repertorio de Gardel, capturando de inmediato la devoción del público. Temas como Melodía de arrabal, Anclao en París, Cambalache o Mano a mano reviven en creaciones emotivas y melódicas en la voz del gran intérprete chileno.
El tango es un relato más que una canción y Ángel Parra, apoyado en las magníficas guitarras de Diapasón Porteño (único acompañamiento, al igual que en casi todas las creaciones gardelianas), lo dice con manifiesta emoción y una voz muy entera y melódica.
El concierto será el viernes 30 de octubre a las 21:00 en el Teatro Nescafé de las Artes de Santiago (Chile). Para el mismo día, exactamente una año antes, Ángel Parra anunció esta misma presentación que finalmente fue cancelada.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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