Las luces del pequeño escenario se apagaron y el trovador Silvio Rodríguez salió con su guitarra para enfrentar el desafío de presentar ante unas 200 personas su nuevo álbum Amoríos, una obra que retoma algunas canciones de décadas pasadas que nunca fueron grabadas.
![]() Silvio Rodríguez presentó «Amoríos» en la salita del Museo Nacional de Bellas Artes.
© Ivan Soca
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AP | Andrea Rodríguez - En tono íntimo y con un sonido casi acústico Silvio Rodríguez lanzó el disco el lunes por la noche en la sala de conciertos del Museo de Bellas Artes, que a pesar de estar cerrado ese día abrió sus puertas para los amigos de Rodríguez, muchos de ellos músicos y compañeros de viejas andanzas en la nueva trova.
En el recital, Rodríguez, cuyas presentaciones suelen llenar estadios y convocar a miles de personas, logró entablar una cercanía especial con el reducido público.
"Dedico Amoríos al pueblo de Cuba que es capaz de amar y desamar igualito a todos los que estamos aquí", dijo Rodríguez al iniciar su recital, en el cual fue presentando las 14 canciones, compuestas entre 1967 y 1980, en el mismo orden que tienen en el disco además mientras contaba anécdotas sobre algunas de ellas.
Al interpretar Qué distracción, explicó que era una de las favoritas del escritor argentino Julio Cortázar.
Haces bien está dedicada a un amigo que se fue a construir un apartamento con su novia, pero se tardó tanto que ella se casó con otro. Querer tener riendas es para la trovadora Sara González, quien la hizo popular con su cálida y poderosa voz.
Otro de los puntos destacados fue la suite de 22 minutos Exposición de una mujer con sombrero compuesta por cuatro canciones, de las cuales tres nunca habían sido incorporadas a un disco. La segunda pieza de la suite suele mencionarse como la favorita para muchos de seguidores: Óleo de mujer con sombrero.
El objetivo del trovador fue lograr un ambiente lo más cercano posible a su propio estudio de grabación: "Para que pudieran escuchar lo que nosotros oíamos sin pasar por la electrónica", aclaró Rodríguez.
A sus 69 años la voz del cantautor se escuchó nítida y firme por más de una hora.
Rodríguez estuvo acompañado por su esposa, la flautista Niurka González, en algunos temas. También lo apoyaron músicos en el piano, contrabajo y percusión.
En esta ocasión el trovador se abstuvo de hacer comentarios políticos o de actualidad e insistió en que el tono de sus canciones era de amor y de corte intimista.
"Me emocionó que él tenga la gentileza de estrenar un disco con sus amigos. Eso es sobrecogedor", comentó a la AP, el cantautor Amaury Pérez, uno de los asistentes al concierto junto a sus colegas Vicente Feliú, Augusto Blanca, Carlos Varela y Kelvis Ochoa. También estaba el guitarrista y director de orquesta Leo Brouwer.
"Fue un concierto exquisito, todos los músicos tocando sin querer sobresalir, todos ajustados", agregó Pérez, al reconocer lo difícil que es presentar un trabajo ante un público de músicos.
Rodríguez es considerado uno de los más importantes e influyentes cantautores cubanos. Desde la creación de la nueva trova en los años 60 su obra le dio voz a la revolución cubana, lo que le generó críticas y adhesiones viscerales. Su música y sus prolíficas composiciones de fuerte acento poético son una suerte de banda sonora de la vida de varias generaciones de latinoamericanos.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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