Entre lágrimas, aplausos y canciones, una multitud despidió ayer en las calles de Buenos Aires a la cantante Mercedes Sosa, cuyas cenizas serán esparcidas por su familia en las tres ciudades que marcaron su vida: Tucumán, Mendoza y la capital argentina.
EFE - Miles de personas esperaron la salida del cortejo fúnebre del edificio del Congreso, donde Mercedes Sosa fue velada durante 24 horas con honores sólo reservados a las más reconocidas personalidades de la política y la cultura.
Con flores y llanto, la multitud saludó con aplausos y canciones el paso de los restos de la "Voz de América", en su recorrido hacia el cementerio de Chacarita, donde cientos de admiradores la recibieron bailando chacareras, uno de los géneros tradicionales del norte argentino, y al grito de "No se va, la Negra no se va".
Los acordes de "Luna tucumana" y "Solo le pido a Dios" despidieron a la artista, cuyas cenizas serán repartidas entre Tucumán —su ciudad natal—, Buenos Aires —donde vivió la mayor parte de su vida— y Mendoza, el lugar en el que consolidó su proyecto musical.
Su muerte, en el amanecer del domingo tras varios días de agonía, conmocionó a varias generaciones de latinoamericanos que sufrieron las dictaduras de los años 70 y 80.
Mercedes Sosa "nos deja el ir siempre para adelante, el amor a la libertad, a la democracia y a la solidaridad", resumió su hijo Fabián Matus.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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