El Festival Tradicionàrius y el ciclo Hamaques presentaron el pasado jueves un proyecto ideado desde Barcelona, el diálogo de marimbas de dos regiones muy diferentes de América: la marimba de chonta de Colombia y la marimba chiapanenca de México.
![]() La marimba chiapanenca a cuatro manos.
© Xavier Pintanel
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El concierto, conducido por el colombiano Nicolás Cristancho junto a Yehosuá Escobedo de México, fue la expresión de esta interacción musical y cultural, y recorrió algunas músicas tradicionales propias de cada región, la improvisación más jazzística y la experimentación sonora.
Para muchas culturas de América, la marimba es un instrumento mágico. Se piensa que quién la toca queda hipnotizado por su sonido y da vía libre a la melodía que hay en su corazón. Es un instrumento que proviene del balafón africano y tiene versiones muy distintas en cada país de Centroamérica.
Las marimbas pueden estar construidas con diferentes tipos de maderas, cañas para los resonadores, calabazas, fibras, piedras, hasta llegar a los metales del vibráfono moderno, e incluso el plástico en la actualidad.
![]() Pedro Strukelj, director de ciclo Hamaques, presentó el concierto.
© Xavier Pintanel
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![]() En los últimos años la marimba de chonta ha renacido en la región del Pacífico Sur de Colombia. Se han potenciado la construcción de instrumentos, se ha ampliado su repertorio y ritmos y se ha promocionado a través de políticas culturales y en especial del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez.
© Xavier Pintanel
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![]() En el Pacífico Sur de México, en la provincia de Chiapas, la marimba es un emblema regional importantísimo. Su condición de instrumento cromático le permite interpretar todo tipo de repertorio.
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![]() Encuentro de marimbas.
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![]() El colombiano Nicolás Cristancho «Yurgaki» con la marimba de chonta.
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![]() El mexicano Yehosuá Escobedo con la marimba chiapanenca.
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![]() El ensemble al completo.
© Xavier Pintanel
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Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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