El trovador vasco Jabier Muguruza presentó la semana pasada su décimo cuarto disco, Tonetti Anaiak en la emblemática sala barcelonesa Jamboree, en el marco de la vigésimo primera edición del festival BarnaSants.
![]() Jabier Muguruza.
© Xavier Pintanel
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Tonetti anaiak (Los hermanos Tonetti), fueron dos payasos muy populares a quien Jabier Muguruza tuvo la ocasión de conocer cuando niño. El suicidio de uno de ellos causó una fuerte impresión en el trovador vasco que no se quitó hasta comprender —gracias a la película Emak Bakia de Oskar Alegría— que un clown no muere nunca.
Esta es básicamente la historia que cuenta Muguruza en la canción que da título a su nuevo disco, que el pasado martes presentó en la emblemática sala barcelonesa Jamboree, en el marco de la vigésimo primera edición del festival BarnaSants.
Canciones cercanas al jazz, a veces medio susurradas, hermosas historias siempre dejando una ventana abierta a la esperanza, tempos tranquilos y sosegados.
Jabier Muguruza se presentó en esta ocasión acompañado de Mikel Azpiroz (piano y dirección musical), Ignasi González (contrabajo) y David Gómez (batería).
![]() Jabier Muguruza en la sala Jamboree de Barcelona.
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![]() Jabier Muguruza.
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![]() Ignasi González.
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![]() Mikel Azpiroz.
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![]() Jabier Muguruza.
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![]() Jabier Muguruza con su banda.
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![]() Jabier Muguruza.
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![]() Jabier Muguruza.
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![]() De izquierda a derecha: Mikel Azpiroz, Jabier Muguruza, Ignasi González y David Gómez.
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![]() Jabier Muguruza en las Ramblas de Barcelona el día anterior al concierto.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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