La localidad gallega de Boiro, lugar donde Krahe realizara su última presentación, inauguró una estatua del cantautor madrileño el pasado 18 de marzo en un concierto donde cantaron una veintena de amigos, entre ellos, Albert Pla, el Gran Wyoming y los miembros habituales de su banda.

"Krahe fue una serio divertido, un serio con una gran sonrisa en el interior", dice Rocha, maestro cantero y escultor, autor de la escultura de Javier Krahe que ya puede verse en la localidad gallega de Boiro.
"Era la historia viva de España, de la Transición", añade el programador musical Suso Santamaría promotor de los actos de homenaje en la ciudad coruñesa e impulsor de la campaña de micromecenazgo mediante el cual se ha financiado la estatua.
Javier Krahe falleció el pasado 12 de julio. Unos días antes, el 28 de junio, dio su último concierto. Y fue en Boiro, en la A Pousada das Ánimas, donde el cantautor madrileño cantaba desde hacía 20 años.
"Tenemos que dar las gracias a muchos artistas que colaboraron, a los aficionados, también al Concello de Boiro. Hicimos una campaña de micromecenazgo y muchos pequeños mecenas nos ayudaron. Lo llamamos Krahefunding" dice Suso Santamaría.
En la obra, realizada en bronce, aparece Javier Krahe sentado en una silla, con una mesa de apoyo, en la cual estará un tablero de ajedrez y su whisky y sosteniendo su eterno cigarrillo.
La estatua está situada en la vía pública, en frente a A Pousada Das Ánimas para que todo el mundo pueda acceder a ella y visitarla.
La inauguración de la estatua tuvo lugar el pasado 18 de marzo en un concierto en el participaron, entre otros, Albert Pla, El Gran Wyoming, Bep Marqués (de Menorca), El Chivi (Madrid), Santy Pérez (Barcelona), Juan Acosta (Madrid), Julián Hernández (líder de Siniestro Total), Antilópez (dúo de artistas onubenses), Palito (cantante gallega), Barahúnda, Kamankola (compositor cubano), Rihuens Marvel (Venezuela) y Alfonso del Valle (Sevilla); además de Javier López de Guereña, Andreas Prittwitz y Fernando Anguita, músicos que acompañaron durante años a Javier Krahe en sus conciertos.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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