La cantautora catalana Bikimel, —alter ego de Vicky de Clascà— presentó este fin de semana en la sala Luz de Gas de Barcelona, dentro de la programación de la vigésimo primera edición del Festival BarnaSants, su tercer trabajo Morir d'un llamp, con la presencia sorpresa como invitado de Francesc Pi de la Serra.
![]() Bikimel presentó «Morir d'un llamp» en la Sala Luz de Gas de Barcelona.
© Xavier Pintanel
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La cantautora catalana Bikimel, presentó este fin de semana en la sala Luz de Gas de Barcelona, dentro de la programación de la vigésimo primera edición del Festival BarnaSants, su tercer trabajo Morir d'un llamp, un trabajo introspectivo pero optimista que huye de la estructura más conceptual de su anterior trabajo.
El director y escenógrafo catalán Lluís Danés, responsable también de la imagen del disco y de la dirección del videoclip del primer single, creó para la ocasión una brillante escenografía, tan sencilla como efectiva, que enfatizó este ambiente entre melancólico y fresco del disco.
La sorpresa de la noche fue la presencia de Francesc Pi de la Serra, con quien Bikimel interpretó a dúo una deliciosa versión italiano-catalana de L'home del carrer.
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© Xavier Pintanel
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![]() Bikimel a la guitarra.
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![]() Bikimel con Quico Pi de la Serra.
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![]() Bikimel con Quico Pi de la Serra.
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![]() Bikimel al piano.
© Xavier Pintanel
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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