A raíz de las acusaciones por parte del cantautor cubano Pablo Milanés, en las que denunciaba haber sido tratado "como un delincuente" por la Policía chilena, la PDI emitió un comunicado en respuesta a las acusaciones del músico.
Según las explicaciones de la PDI y citadas por Cooperativa.cl, por el control de identidad efectuado a Pablo Milanés previo a su show, los "funcionarios del Departamento de Extranjería y Policía Internacional de la capital penquista concurrieron hasta el lugar en que se desarrollaría la presentación artística, a fin de verificar la situación migratoria de los extranjeros que trabajan con él".
En dicho procedimiento, según la nota de la PDI, "se verificó que seis personas de nacionalidad cubana, parte de su equipo, no contaban con la 'Tarjeta Especial de Trabajo para Turista Extranjero', no teniendo permiso para ejercer actividades remuneradas en el país".
La Policía de Investigaciones según el mensaje, basó su actuación en "las facultades otorgadas por la Ley y el Reglamento de Extranjería de nuestro país, los funcionarios policiales realizaron la fiscalización a quienes son parte del staff del cantante".
Las personas de nacionalidad cubana y dos empleadores chilenos fueron denunciados por no respetar los artículos N° 44, 48 y 70 de la Ley de Extranjería y artículos N° 80, 100 y 147 del Reglamento de Extranjería.
Sin embargo, esta respuesta no fue satisfactoria para el senador del MAS Alejandro Navarro, asegura haber pedido una reunión a Héctor Espinoza Director Nacional de la PDI para pedir explicaciones por la "desproporcionada" acción contra Pablo Milanés.
El senador preguntó desde su cuenta de Twitter "desde cuando la PDI hace controles a bandas de Músicos extranjeros como hizo con Pablo Milanés" e ironizó al preguntar "¿Así fue con Iron Maiden y su avión privado?".
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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