Óscar Parra, el hermano menor de la folclorista Violeta Parra —"el menos Parra de los Parra", según él mismo se calificó— y que pasó su vida en el circo, caracterizado como "Tony Canarito", murió el miércoles, a los 86 años, informó el Ministerio de Cultura, que no precisó las causas de su deceso.

"Lamentamos la partida del menor de los Parra, don Óscar, el Tony Canarito. Maestro de las artes circenses. Un abrazo afectuoso a su familia", señaló un comunicado publicado en Twitter por el ministro de Cultura, Ernesto Ottone.
"Soy el menos Parra de los Parra", solía decir para definirse el menor de los nueve hermanos Parra, cuya vida quedó plasmada en un documental llamado justamente El Parra menos Parra (2014), de Jorge Catoni, en el que el artista contó toda su carrera y la relación que tuvo con sus hermanos, especialmente con Violeta y Nicanor, los más famosos.
"Violeta era muy peleadora (...) y enamorada. Una vez me metí en una pelea que tenía con un novio y me mordió. Ahí dije yo: nunca más. Pero para mí es un genio. La más grande", contó Óscar Parra sobre su hermana. Sobre Nicanor dice que "para mí, es un tremendo poeta, tremendo escritor (...) y tremendo de apretado (rígido)".
Aunque entregado por completo al circo, Óscar Parra también dominaba la guitarra e improvisaba versos, como mostró en su saludo de presentación en el mismo documental: "Soy Óscar Parra el menor/ hermano de la Violeta/ de Roberto el gran Chucheta/ de Lautaro, Hilda, Elba y Nicanor/ Y por eso con amor/ voy tocado la guitarra/en nombre de nuestra patria/les saluda Óscar Parra".
Con la muerte de Óscar Parra, el único hermano que aún vive es Nicanor, creador de la Antipoesía y ganador del Premio Cervantes 2011, que el próximo 5 de septiembre cumplirá 102 años.
Los restos de Óscar Parra son velados en una iglesia católica de Puente Alto, una localidad aledaña a Santiago en la que vivía desde hace muchos años y donde también será sepultado.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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