La página web oficial de Bob Dylan reconoció por unas horas el Premio Nobel de Literatura al incluir ese galardón que le concedió la Academia Sueca aunque poco después rectificó la publicación, aumentando así la intriga de sobre si lo aceptará o no.

En una reseña publicada para promocionar el libro The Lyrics: 1961-2012, sobre las letras de sus canciones figuraba el texto, en mayúsculas, "Winner of the Nobel Prize in Literature" ("Ganador del Premio Nobel de Literatura").
Esa fue la primera y única admisión pública del premio por parte de Dylan, cuyo silencio desde el pasado jueves, día en el que se conoció el fallo, ha inquietado a la propia Academia Sueca, que ha renunciado tras varios intentos a comunicarle la distinción personalmente.
El silencio de Dylan alimentó todo tipo de especulaciones sobre si el cantante estadounidense acudirá a la ceremonia de Estocolmo para recibirlo en diciembre, conjeturas que parecían disiparse con la reseña en su web. Sin embargo, horas después de la publicación del artículo y cuando varios medios ya se habían hecho eco de ello, el texto "Winner of the Nobel Prize in Literature" desapareció y fue sustituido, sin más explicación, por un enlace para comprar el libro.
Un precedente de rechazo al Nobel de Literatura es el del francés Jean Paul Sartre, que contrario a todo tipo de distinciones no lo aceptó en 1964, aunque su nombre figura en la lista de ganadores.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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