Los dos pianistas "de cabecera" de Joan Manuel Serrat acaban de lanzar Las canciones de Serrat sin Serrat, un álbum que recoge las canciones más populares de todas las épocas del trovador catalán.
En Las canciones de Serrat sin Serrat (Picap 2016) podremos escuchar el concierto que ofrecieron estos dos cracks en la presentación de la gira en la sala Luz de Gas de Barcelona el pasado mes de abril. Un trabajo que ha sorprendido gratamente al mismo Serrat.
Conocedores como nadie del repertorio y trabajos discográficos del autor, Kitflus y Miralles, ofrecen una versión innovadora de melodías tan populares del artista como Hoy puede ser un gran día, Mediterráneo, Temps era temps, Aquellas pequeñas cosas, Lucía o Paraules d’amor, contempladas desde el jazz, con múltiples detalles y abiertas a la improvisación.
Dos pianos cara a cara, Miralles y Kitflus perfectamente compenetrados, y las bellas melodías de las canciones de Serrat. Las canciones de Serrat sin Serrat es un disco que puede entusiasmar tanto a los seguidores más acérrimos del cantautor como a todos los aficionados al piano jazzístico.
Kitflus y Miralles han trabajado cada melodía, cada nota, ofreciendo las versiones más ricas e instrumentales de las canciones del artista. La reacción del oyente al escuchar las composiciones es cantar las letras interiormente convirtiendo este trabajo en un "karaoke" personal e intransferible.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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