El próximo mes de marzo se lanzará un disco del cantautor hondureño Guillermo Anderson —desaparecido el pasado mes de agosto— que estará compuesto de 18 canciones nunca antes lanzadas comercialmente y que fueron compuestas años atrás para musicalizar la obra teatral Ese mortal llamado Morazán.
![]() Guillermo Anderson.
© Xavier Pintanel
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El disco póstumo de Guillermo Anderson que se lanzará en marzo de 2017 constará de 18 canciones que compuso para la obra Ese mortal llamado Morazán, espectáculo escénico presentado en 1992 en el Teatro Nacional y Centro Cultural Sampedrano, pero que no se llegó a editar porque el trovador hondureño consideró que la grabación en vivo era de baja calidad y nunca llegó a registrarla en estudio.
La obra está basada en la novela El general Morazán marcha a batallar desde la muerte, de Julio Escoto, del que la maestra Flor Alvergue coreografió en 1992 un ballet de estilo moderno para la celebración del bicentenario de nacimiento de Morazán y que será otra vez puesto en escena en 2017.
Quienes conocen esta composición artística de Anderson opinan que es su trabajo de mayor profundidad intelectual, con mucho sentimiento y nostalgia, a tal grado que algunas de las canciones que la integran, como la queja de Morazán de que la política ha distanciado su amor de María Josefa, su esposa, provocaron lágrimas en el auditorio en 1992.
Tras realizar con sistemas modernos la limpieza técnica del audio, en marzo Costa Norte Records, en conjunto con Centro Editorial, ofrecerán a coleccionistas y amantes de la música de Anderson una edición limitada de este disco inédito, que llevará el título Ese mortal llamado Morazán, acompañado de una edición especial del libro de Julio Escoto, de modo que el oyente pueda seguir la secuencia entre literatura y la creación lírica y rítmica de Guillermo.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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