El músico argentino Marcelino Azaguate aboga hoy con su arte y sus acciones por la preservación de uno de los pueblos originarios de su país y al cual pertenece la comunidad huarpe.

PL - Hasta la Casa de las Américas llegó el músico argentino Marcelino Azaguate, acompañado de la realizadora Laura Piastrellini para mostrar al público cubano el documental Huarpes en su propia voz, proyectado la víspera por primera vez aquí.
La riqueza cultural de ese pueblo, su cosmovisión y los problemas que enfrentan para defender su identidad son algunos de los asunto abordados en el filme
"Cuando era niño y llegábamos a la primaria nos enseñaban que estas culturas habían desaparecido. Sin embargo, cuando regresábamos a la casa éramos huarpes. En la escuela no existíamos, en la casa sí", recordó.
Durante mucho tiempo, la música originaria fue prohibida, al igual que la religión, y los europeos calificaron su arte como artesanía y a sus lenguas de dialectos, denunció.
Aunque gracias al reconocimiento constitucional de los pueblos nativos se han dado pasos de avance en ese sentido, todavía el proceso es largo, apuntó Azaguate.
Según reportes del sitio digital de Casa de las Américas, el documental Huarpes en su propia voz recrea en 15 minutos una parte de la vida de esa comunidad y lo hace desde la perspectiva de sus integrantes.
De acuerdo con la realizadora Laura Piastrellini, el material audiovisual está pensado para exhibirse en las escuelas primarias y contribuir así a la difusión de esa cultura.
"El sistema educacional argentino se encarga de enseñarnos que los pueblos originarios pertenecen al pasado, pero yo tuve la suerte de encontrarme con esta familia huarpe y plasmar cómo viven estas personas en las zonas más alejadas de las ciudades", detalló.
La mayoría del pueblo huarpe se agrupa en torno a las semidesérticas lagunas de Guanacache, ubicadas al noreste de la provincia de Mendoza, en Argentina.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
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