Este sábado 21 de enero, cuando la voz del maestro de ceremonias Claudio Juárez dé el grito inicial y la luna sobre la plaza Próspero Molina ilumine el número 57, una nueva edición del festival mayor de folklore se pondrá en marcha, motorizando, una vez más, cada uno de los engranajes de la vasta cultura folklórica de la Argentina y Latinoamérica.
¿Por qué Cosquín es el festival más importante, aún con sus caídas y renacimientos (porque siempre renace, como el ave Fénix)? Porque en sus calles, sus peñas, sus balnearios, sus escenarios principales y alternativos, en las charlas de café, las guitarreadas, las calles, las muestras, las ferias de artesanías, los poetas, los artistas y la gente, en cada uno de esos espacios, se respira simplemente folklore.
Por un lado, el folklore que se nutre de la vidriera diaria de las grandes productoras y por otro aquel que a paso de hombre también habla de él, en el sentido más profundo, el del hombre y la tierra, sin estridencias, preponderando la palabra. Porque los virtuosos y académicos comparten sus días con los improvisados y principiantes. Los guitarreros y las orquestas, los cantores y cantantes.
En quince días, Cosquín muestra lo que se vive durante todo el año en cada provincia, en cada pueblo del país, en las grandes ciudades, y muchas veces es el camino hacia lo que sucederá los 12 meses siguientes: Los que nacen en el festival, los que hace mucho vienen recorriendo caminos y el escenario los pone a consideración de todo el mundo, los que llevan años compartiendo lunas y siempre tienen algo nuevo que mostrar, los clásicos, y los que regresan cada tanto a ofrecer su arte.
Esta edición de Cosquín tendrá un poco de cada uno de ellos. De los regresos: Chango Spasiuk, Dino Saluzzi, Jorge Rojas y Abel Pintos, éstos últimos ausentes en la última edición, los otros, durante largos años. Rojas esta vez llega por partida triple con sus hermanos y un set de sólo folklore. De los nuevos, se verán todos los colores musicales del pre Cosquín y sus ganadores, habrá celebraciones, juntadas y aniversarios de debuts (Los Nocheros 30 años, Soledad 20, Los Carabajal 50, Víctor Heredia 50, Ángela Irene 40) y será la primera vez de algunos que ya vienen pisando fuerte en otros escenarios, como La Orquesta de Música Popular Los Amigos del Chango, creada por Chango Farias Gómez, y Luciana Juri, una de las más originales cantoras de los últimos tiempos. Los chilenos de Inti-Illimani serán la gran presencia internacional de esta edición.
Habrá homenajes (al Cuchi Leguizamón, a Zitarrosa, al recientemente fallecido Horacio Guarany) y cada noche tendrá un color y nombre especial: para bailar, para emocionarse, para la historia, abrazo a la tierra, noche de clásicos, carnaval, fiesta y reencuentro.
La revalorización de la canción de autor tiene, para quienes programan Cosquín, desde hace un tiempo un valor importante y se ve este año, un aumento en la presencia de cantautores como José Luis Aguirre, Mariano Luque, Marcelino Azaguate, Lucho Hoyos - Claudio Sosa - Topo Encinar - Juan Quintero (en el bloque "Tucumanos"), Lucrecia Rodrigo, Che Joven, Nahuel Penissi, Dúo Huaucke y Orellana Lucca (revelación y consagración respectivamente de la edición 2016), Seba Cayre, Javi Caminos y Fran Lanfre (juntos en el bloque tierra de canciones) entre tantos otros que nutren el nuevo cancionero de nuestra música popular.
Nuevamente Cosquín dará que hablar, brillará por los que están y homenajeará a los que no están, y conducirá los destinos de nuestra música de raíz y nuestros pensamientos, al menos, durante nueve lunas del mes de enero.
Tras la publicación del disco Tinc una casa al mar, Joan Isaac vuelve a editar un nuevo trabajo: Azimut, en el que se encuentra acompañado por el músico y compositor Eduard Iniesta. Durante 2023 fue publicada una recopilación antológica de la obra del artista, compuesta por veinticinco cedés, como parte de la conmemoración de sus cincuenta años de oficio y 70 de vida, que culminó con un gran concierto en El Palau de la Música catalana y la edición de Joan Isaac al Palau en 2024. Azimut es su más reciente creación, una obra protagonizada por unos textos profundamente poéticos, vestidos fundamentalmente por voz y cuerdas.
Hay discos que no necesitan levantar la voz. Azimut es uno de ellos. Joan Isaac presenta un trabajo hecho desde la contención, desde ese lugar donde la canción deja de ser ornamento para convertirse en algo casi necesario. Un disco minimalista, preciosista, trabajado con una delicadeza profundamente orgánica. Como todo en Isaac, un acto de fe.

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos