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57 Festival de Folclore de Cosquín 2017

Chango Spasiuk y Bruno Arias, en la octava noche de Cosquín

AGENCIAS el 29/01/2017 

La sólida concepción camarística del Chango Spasiuk y la vigorosa versión eléctrica de Bruno Arias, una de las grandes voces de la actualidad del folclore argentino, marcaron la temperatura de la octava noche del Festival de Cosquín, que concluye este domingo.

Chango Spasiuk. © Paul Amiune
Chango Spasiuk.
© Paul Amiune

 

Télam - En el medio hubo espacio para las propuestas riojanas de La Bruja Salguero y Ramiro González, la visita de los históricos Inti-Illimani de Chile; un set propio de Los Coplanacu y un largo cierre de cacharpaya, encabezado por el Duende Garnica.

 

Chango Spasiuk fue el primer músico en pisar el escenario Atahualpa Yupanqui de la Próspero Molina, para un logrado set en el que hizo brillar su elaborado acercamiento a la música del Litoral acompañado por músicos de excepción como Marcos Villalba en percusión, Marcelo Dellamea en guitarra, Pablo Farhat en violín, Diego Arolfo en guitarra y voz y Heleen De Jong en chelo.

 

El Chango eligió arrancar con la canción Acento misionero, y luego pasó al pasaje más reflexivo que trabajó en la noche con su Suite Nordeste, con destacado lucimiento de Marcos Villalba y Pablo Farhat, para luego ofrecer un recorrido por polkas y chamamés con mucho nervio y combustión llameante.

 

Así pasó por las composiciones propias Vera, Sombrero de paja, La ponzoña y Tierra colorada, para cerrar con Ivanco.

 

"Este no es un lugar de entretenimiento sino de construcción", dijo Spasiuk sobre el escenario en su vuelta a Cosquín luego de varios años de ausencia y marcando la cancha sobre los límites que debiera respetar la convocatoria a la Plaza Próspero Molina.

 

El otro extremo de la noche fue Bruno Arias, que se presentó cerca de las dos de la mañana y ofreció un set con luces y sombras, desparejo cuando se dejó ganar por la veta rockera eléctrica que aparece en su música y que expresa a toda una camada —aunque la suya es la propuesta más sólida—, y luminoso cuando sobresalió la guitarra de Jorge Giuliano en Zamba de los mineros; el momento en que hizo subir a una coplera con su caja venida de San Antonio de los Cobres o la interpretación del Mono Villafañe de Agosto en Tucumán.

 

De cualquier modo, y a pesar de sus vicios eléctricos, Arias ofrece una construcción sonora mucho más limpia y clara que sus contemporáneos generacionales y, además, su voz —también su carisma— es de las más bellas de la actualidad del folclore.

 

Tanto Arias, como antes Salguero, Ramírez y Juan Iñaki, se refirieron a la defensa de los bosques nativos y el agua, en concordancia con una marcha que se realizó a la tarde en Cosquín y un festival posterior organizado por agrupaciones de distintas partes de Córdoba, en oposición a la anunciada modificación de la ley que defiende los bosques de la provincia, prevista para marzo.

 

"El bosque, qué lindo que está, déjenlo tranquilo", había dicho por ejemplo Salguero, que subió al escenario con bombo y caja y una banda de guitarra y bajo eléctricos, teclados y batería, y que invitó a cantar con ella al propio Arias, a González y a una coplera de La Rioja.

 

Olor a carnaval, Fundamento coplero, Zamba para no dormir y las dos composiciones de González Lucero cantor y Estoy donde debo estar, formaron parte del repertorio de esta gran cantante que no tuvo anoche el mejor sonido y que podría haber tributado un mayor fervor por el silencio, la distancia y el protagonismo alternado de los instrumentos.

 

Problemas parecidos padeció Ramiro González, que entregó una actuación muy bien recibida por el público, con composiciones propias y tres estrenos ("compongo mucho y soy de presentar cosas nuevas en mis shows", contestó en la conferencia de prensa posterior) y que materializó el gesto de invitar a la orquesta de niños y adolescentes Enrique Angeleri del humilde barrio riojano de Virgen del Valle, que lo acompañó en Estoy donde debo estar.

 

El bis de Ramírez fue su mejor composición, con algo parecido a un rap de fuerte denuncia social y lograda letra, interpretado sin estridencias, titulado El ojo de la tormenta, y que aún no grabó.

 

Inti-Illimani con Bruno Arias. © Paul Amiune
Inti-Illimani con Bruno Arias.
© Paul Amiune

 

El grupo chileno Inti-Illimani, que brilló en los 70 por sus delicados arreglos de cuerdas y vocales para un rico cancionero compuesto por canciones de Violeta Parra y Víctor Jara, y los Coplanacu, a los que les sobra carisma y actitud para tocar en la plaza de Cosquín, terminaron de completar una extensa lista de más de 15 propuestas.

 

El festival cierra este domingo, con el anuncio de los premios Consagración, Revelación y Camín (a la trayectoria) y las actuaciones de Peteco Carabajal, Víctor Heredia y Los Nocheros, entre otras de una nómina profusa.






 
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