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Trova cubana

El oficio de componer a la manera de Polito Ibáñez

AGENCIAS el 16/03/2017 

Todavía a Polito Ibáñez el Hotel Habana Libre le parece el edificio más alto del mundo, pero ya no es aquel guajirito medio asustado que llegó a la capital de Cuba acabado de salir de Batey Nuevo.

Polito Ibáñez.

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PL | Ibis Frade - Después de seis discos publicados, cree que aquel "Polito muchacho" que vivía en una casa de guano con piso de tierra y le tiraba piedras a las palomas en su Cienfuegos natal es muy diferente al que descubrió la vida intensa de la ciudad y los circuitos de arte.

 

"Vengo de una familia de hermanos muy bien llevados, mi padre tenía un sexteto de música tradicional y crecí en un ambiente de campo, oyéndolo cantar y escuchando su guitarra y el tres cubano".

 

Aunque —confiesa— en ese tiempo no tenía mucha vocación musical, por ese camino lo condujo una serie de casualidades afortunadas.

 

"Siguiendo los pasos de un amigo conquistador, le pedí a mi padre que me enseñara a tocar guitarra: después comencé a tomar en serio la música y me gustaba interpretar boleros y éxitos románticos", rememora.

 

En el preuniversitario se fue acercando a la Nueva Trova, sin tener conciencia de lo que era ese movimiento musical, pero mantenía su sueño de estudiar Oceanología, en la entonces Unión Soviética.

 

Como no consiguió la carrera deseada, probó suerte en el Instituto Superior de Arte (ISA). "No me aceptaron ni en canto ni en Teatrología y Dramaturgia, hasta que una profesora me hizo una prueba de actuación y defendió mi entrada al centro".

 

En el ISA se enrumbó definitivamente hacia la música, pues aunque estaba en actuación era un asiduo de las peñas de trova.

 

"La universidad demandaba de mi mucho más nivel cultural, quería ser un intelectual, parecerme a mis compañeros. Estaba en la misma aula del trovador Carlos Varela, él me mostraba lo suyo y yo le enseñaba lo mío, no era una competencia, solos dos muchachos componiendo".

 

La Trova

 

En 1983, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés ofrecieron un concierto en la escalinata de la Universidad de La Habana. El joven Polito Ibáñez estaba entre esa multitud que llenó el lugar.

 

Me impactó mucho la canción de Silvio y renació mi interés por tomarme en serio la composición, recuerda.

 

Cuando se graduó del ISA en 1989, ya había participado en varios proyectos relacionados con la canción de autor. Un día de 1987, otra vez casi por casualidad, lo invitaron al escenario junto al cantautor Alberto Tosca.

 

"La gente "me descubrió" y la prensa también puso lo suyo, fue una noche muy bonita, me llevé el gato al agua", cuenta Polito.

 

"Después de terminar el ISA me fui a trabajar al Teatro Verdún —que entonces dirigía Eugenio Hernández Espinosa— pero ya en ese momento tenía un pequeño grupo de seguidores".

 

Al ver lo bien que le iba como trovador, decidió dejar la actuación en 1991. Además, Polito ya no se sentía cómodo con su trabajo en el teatro y no se consideraba un buen actor.

 

Por esas fechas tenía una docena de canciones nacidas en el ISA como Cada día, Recuento, Filípica de la ciudad, Reflejo de estos tiempos, Sé que estás ahí, Dudas como espejos, Titulares...

 

"Son composiciones de unos años muy polémicos, se derrumbaba el campo socialista y en el mundo de las artes los jóvenes sacaban fuera toda su rebeldía. La mayoría de esos temas míos son muy poco conocidos", se lamenta.

 

La composición

 

En aquella época, componer era un fenómeno más espontáneo y visceral, y no tenía bien claro elementos de la estructura o de marketing, expresa Polito.

 

"Después, con el oficio de hacer canciones salen esos diablitos que te hacen poner una frasecita clave para comunicar más. Pero la sociedad y la Cuba a la que pertenezco y a la cual no renuncio continúan siendo mi fuente de inspiración", comenta.

 

"Sigo pensando que soy un movilizador de pensamiento, aunque ya no tenga un espacio regular en un sitio determinado porque ando en otras responsabilidades como padre y hombre de familia".

 

"Ahora en mis canciones trato los problemas de Cuba de manera parabólica, no voy a lo más crudo como hacía quizás a finales de la década del 80 porque los miedos de los 20 años no se parecen a los miedos de los 50".

 

Atrás quedaron aquellos dos boleros que compuso cuando tenía 14 años y se quemaron junto a un escrito suyo sobre José Martí y Antonio Maceo, papeles víctimas del incendio de un colchón de paja.

 

La discografía

 

Cuando Polito Ibáñez hizo Recuento —su primer CD, en 1993— y Para no pensar —el segundo, en 1999— no tenía tanta conciencia de la concepción de un disco, pero ya a la altura de su cuarto o quinto álbum el panorama cambió.

 

No le gusta publicar fonogramas de un año para otro porque siente que se repite y para evitarlo debe "acumular heridas". A su entender, la canción de autor lleva vivencias: "si dejan huellas hondas como los golpes de los caballos de Atila, entonces podrás revelar emociones".

 

Sombras amarillas (2010) es muy emotivo, mientras los temas que surgen de las cosas más banales carecen de esa carga, dice. "Pero cuando entras en el mundo de la producción, la disquera no suele pensar en lo importante o trascendental de una composición".

 

"Cuando trabajaba en la producción de Axilas (2003), Ante tus ojos (2014) y De las manos y los pies (2014), debía olvidarme de que yo mismo componía los temas", confiesa.

 

"El disco para mí es un producto y la primera misión de la disquera es comercial. Si luego las canciones quedan inteligentes y dan un mensaje, pues ¡qué bueno! Aunque usualmente las más exitosas son aquellas de tono edulcorado".

 

"Por ejemplo, mis composiciones de la década del 80 y principios de los 90 tuvieron menos fortuna, muchas no se ponían en la radio y solo un grupo las recuerda, incluso algunos las tienen en casettes".

 

Todavía se debe un disco a guitarra —su aliada incondicional— pero como la afina de manera peculiar, no encuentra la forma apropiada para realizar un álbum con ese instrumento y explora la posibilidad con el productor italiano StewieDal Col.

 

A Pablo Milanés agradece siempre la oportunidad de grabar su primer CD.

 

"Fue decisivo y muy importante en mi carrera el espacio de promoción que me dio. Tuve el apoyo de alguien con una solidez muy grande y estaba defendiendo precisamente a una persona no muy querida en los medios por aquel entonces".

 

Ahora lamenta nunca haber realizado un concierto junto a sus amigos de la llamada Generación de los Topos, seguidores de la Nueva Trova.

 

Si bien hace muchos años dejó a un lado la actuación, ha colaborado en la banda sonora de películas como Operación Fangio, del argentino Alberto Lecchi; Barrio Cuba, del gran cineasta cubano Humberto Solás; y para la popular serie televisiva Doble juego.

 

Tal vez, algún día, Polito encarne en el cine o el teatro un personaje de cantante. Mientras tanto intenta combinar su faceta de compositor y productor, y sigue explorando por diversas sonoridades del pop-rock, la trova y el jazz.










 
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