Mayte Martín, cantaora. Y mucho más que eso. Alguien que, como dice Alessio Arena, propone el reto de enfrentarse a un canto que lo ponga a uno ante sus miedos y esperanzas. Le debíamos su cancionero y discografía.
![]() Mayte Martín.
© Isabel Camps
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Mayte Martín pertenece a esa estirpe de artistas atemporales, unidos por la hondura y la asombrosa sinceridad del canto.
Ahijada y discípula de la Niña de los Peines, arraigada en el paisaje melódico de Juanito Valderrama, es también heredera de la emoción mesurada de los crooners y del magnetismo del tango.
Esto no es porque su música se dirija hacia el apego fácil del mestizaje, sino porque su cautivadora voz abarca todos estos géneros, dándoles nueva envergadura, reinterpretando la pureza de cada uno de ellos y salvándolos cada vez del riesgo que, las músicas que no se mezclan, tienen de aterrizar en lo estéril.
Por otra parte, por la parte emotiva y sensitiva que desprende de la obra de esta Gloria Fuertes de la canción, podríamos decir que la voz de Mayte Martín es una especie de sentido en sí misma, un sexto, refinado y milagroso sentido, que toca, bebe, olfatea, percibe y vislumbra todo lo que está cantando.
Sirenas, como ella, debieron de plantear a su público, desde el principio de la historia de la música, es decir de la humanidad, el reto de enfrentarse a un canto que lo ponga a uno ante sus miedos y esperanzas.
Un canto que nos hace, en fin, sentirnos vivos.
El Festival BarnaSants 2026 iniciará el 27 de enero, en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, su 31.ª edición con un concierto de homenaje al cantautor Lluís Llach, que conmemorará el 50.º aniversario de los míticos conciertos de enero de 1976. El espectáculo reproducirá, medio siglo después el repertorio original íntegro de aquellos conciertos con la participación de artistas como Manel Camp, Santi Arisa, Borja Penalba, Gemma Humet o Joan Reig, entre otros.
Una grabación inédita de Mercedes Sosa, registrada en la televisión suiza en 1980 y restaurada 45 años después, permite redescubrir la voz de la cantante tucumana en pleno exilio, en un momento de plenitud artística atravesado por la tristeza del desarraigo y la imposibilidad del regreso.

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