La joven cantante y compositora mallorquina Victòria Quingles acaba de lanzar Nuredduna, su primer disco, un trabajo formado por once poemas musicados por ella misma.
Victòria Quingles (Palma, Mallorca 1993), la joven cantante y compositora mallorquina no es una recién llegada al mundo artístico. El descubrimiento ahora de su talento se fundamenta en años de estudio y pasión por la música.
Ahora, y después de su formación académica y de una decena de años de experimentación y rodaje presentando la obra de otros artistas, lanza Nuredduna (PICAP 2017), su primer disco de estudio que ha trabajado con un rigor y una solidez que contrasta con su juventud.
Una propuesta donde la cotidianidad y las reflexiones más profundas se dan la mano con una forma especial, fresca para regalarnos un repertorio original y ameno. Su propuesta entronca directamente con la canción europea y con claros matices mediterráneos.
Nuredduna ha contado con la complicidad de Carles Cases en los arreglos y producción y la presencia de Jordi Farrés (guitarra), Miquel Àngel Cordero (contrabajo) y Aleix Tobias (percusión).
Victòria Quingles grabó su primera maqueta en 2008 y ofreció su primer concierto en solitario en 2009, con apenas 15 años, cantado temas de Leonard Cohen y Carole King, entre otros.
En 2014 incorporó a su repertorio temas de autores de la Nova Cançó como Joan Manuel Serrat, Lluís Llach o Maria del Mar Bonet y de otros autores contemporáneos. En 2016 empezó a cantar temas propios de los que Victòria es solo autora de la música y las letras son, en general, o bien de algunos amigos sus poetas, o bien de algún poeta ya consagrado.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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