Sabina se hace truhán de lo necesario y va de desde el páramo a la pradera de la melancolía ajena, partiendo de la paz del calor cotidiano en la vida doméstica.
El Hermano Benjamín llegó a poner la hiel y no se fueron a celebrar la caída del muro a Berlín, llegaron a Praga donde una vez la primavera tomó nombre de esperanza. Y allá que fueron a romper la cubertería del fracaso y entre vaso y vaso un descorche de Clicquot. Elevo mi copa y alargo la mano para ver si me toca esa divina forma de convertir en versos la soledad.
Este disco no sé si será el mejor Sabina o puro Sabina o sublime Sabina... es un disco extraordinario claro que sí y entre las alquimias y pedigrís, entre no saber contar de menos, mentiras y recuerdos de aquel año en París y entre la revolución que se perdió y la revolución que nunca hicimos, al amor de unas caderas atamos la vida entera, llámese Rocío, llámese Rebeca y así crecimos, así crecemos, en fuga sin dar la cara o con nada que decir. ¡Que ya es mucho Benjamín!
Por momentos se notan las costuras, los hilos invisibles con que se cosen algunos versos, el final de una estrofa. Por momentos se ven los trucos con que el tacto del abecedario cierra o abre alguna sinsalida en una canción.
Sus escuderos son sin dudarlo un lujo para cualquiera, que venga Pancho, de Diego a ponerle musiquita a unas letritas que guardé en un cajón. Venga ese rocanrol vacilón en donde no cabe la Pereza y una rumbita y el recuerdo de Ángel González, amigos tras las partituras y Guti y Serrat haciendo coritos y la gran Olga Román llenándolo todo de seda.
Nos llevamos las locuras al Norte de los espejos, por donde se pierden los besos entre rayas sin destino y volvimos al Sur de la soledad a torear los jamacucos de la edad. Se curó el amigo Joaquín de todas las ansias de la nube negra y tras capear con ese catalán, a quien dio la mitad de su paga, en las mejores plazas, vuelve por sus fueros con melodías de buena madera para calentarnos el fuego del alma.
Hubo una época en que la casa de Joaquín era una puta en feria, el bar 24 horas al día que se llenaba con las trasnochadas quimeras de camellos, buitres y amigos de ahorita mismo por tal de empolvar la nariz de cuello y beber sin medida. Joaquín desmemoriado y sin reconocerse se mudó al desván de las esquinas de donde lo salvó quien sabe donde una Rosa de Lima. Yo nunca tuve las llaves de casa Joaquín pero si te llegas hasta aquí, al sur del sur de Andalucía, en esta tierra más gitana y mora que castellana, donde el mar no tiene fronteras para la vida y se ve lindo, el tiempo pasar desde las cumbres de la Alcazaba, si te llegas por aquí, en Almería compadre tienes mi casa, tu casa.
Vinagre y rosas, sangre y sal, la lluvia invitando a vivir y entre el ir y venir de lo perverso a lo sublime que siempre haya unos labios esperando para bebernos los secretos del porvenir.
Joaquín ha vuelto, ¡viva Sabina!
Aguadulce (Almería) 21 de Noviembre de 2009
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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