Graciela Massuh, amiga de María Elena Walsh, acaba de publicar Nací para ser breve, un libro fruto de seis meses de grabaciones con la trovadora argentina, que surge a la luz después de 30 años.
En la intimidad, aquellos encuentros en los que repasaban tarde a tarde su vida intelectual, artística y afectiva fueron un subterfugio para superar el dolor y la incertidumbre de un cáncer recién diagnosticado y contra el que María Elena Walsh luchaba con quimioterapia.
Graciela Massuh pregunta para estar cerca de la persona querida. Pregunta porque le intrigan las formas que toma el talento en un artista. Pregunta porque en esas respuestas parece estar no solo el modo de entenderla, sino también la clave de la propia búsqueda existencial.
Las grabaciones, realizadas durante seis meses en 1981, transcritas a páginas oficio, revisadas de puño y letra por la protagonista y guardadas durante décadas en cajas, esperaron el tiempo propicio para la relectura.
Enlazados amorosamente las ideas y los recuerdos de ambas, Nací para ser breve se transforma en una máquina delicada y precisa, que da cuenta —mientras vela, mientras desnuda— de las particularidades del mundo intelectual porteño desde los años cincuenta y, más allá, de la historia social del país en el siglo XX. Pero también de una mirada profunda sobre los vínculos. Porque, como dice la autora de este libro, "no hay nada más desgarrador que revivir la juventud en voces o imágenes que dan constancia de la inexorable materia de la que estamos hechos: el tiempo".
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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