El músico colombiano-venezolano afincado en Nueva York Juancho Herrera presenta Gaviero, "formas de imaginar y estar vivo".
Inspirado en Maqroll, el famoso personaje literario de Álvaro Mutis, el cantautor colombiano-venezolano Juancho Herrera entrega una cosecha lenta y meditada de 6 temas nuevos, junto al trabajo fotográfico de Miguelángel Yabrudes.
Para cualquier navegante lo importante es el viento: una trompeta siempre nos interviene el pecho en favor de la libertad y las canciones de Juancho, son esencialmente libres. Este nuevo proyecto, que recorre cinco temas propios y uno tradicional de Venezuela —El gallo pinto—, suma versos hijos de una íntima revisión personal del paso del tiempo, y de no pretender "por hacer" la idea de "entender", como dice el mismo Herrera.
Con Gaviero escuchamos la música de alguien que no teme a las mezclas, sino que se sabe fruto de ellas. Estas canciones saben por igual, que la historia se pisa los pasos a sí misma y que la vida necesita siempre "comenzar a amar de nuevo y quemar los falsos derroteros" como reza Falsos derroteros, primer tema del conjunto.
Acompañan a Juancho en esta nueva costa, la trompeta de Josh Deutsch, el bajo de Ben Zwerin, así como en percusión las manos de Yayo Serka y Keita Ogawa. Junto a ellos, las voces y talentos de Sofia Tosello, Sofia Rei, Alejo García y Samuel Torres como invitados especiales.
A su vez, una apuesta visual acompaña cada tema con fotografías de Miguelángel Yabrudes, dejando a su paso un diálogo entre lenguajes, imágenes y sensaciones, entrecruzando lo soñado, lo olvidado y lo obtenido.
Con Gaviero, Juancho Herrera nos recuerda una vez más, lo inútil que resulta intentar domar los torbellinos, y que tanto una promesa, una bala o una canción, son formas de aceptar el destino.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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