El abandono de un pequeño perro es el hilo conductor del vídeo de La vida cuesta, de Marwan, nuevo single de su último trabajo, Mis paisajes interiores. A través de esa historia, y bajo la dirección de Mauri D. Galiano, el madrileño teje un relato sobre la soledad tan triste como optimista, que le sirve para denunciar el abandono de 137.000 animales de compañía al año en España.

La vida cuesta es un tema con todos los ingredientes que han hecho de Marwan un talento especial, capaz de imprimir a sus composiciones una emoción al alcance de muy pocos artistas. El tema está incluido en Mis paisajes interiores, un libro-disco que le ha confirmado como uno de los principales cantautores de nuestro país.
Tras estrenarse en 2001 con una maqueta titulada Principio y fin, publicó su primer álbum en 2004: Los hijos de las piedras. Cuatro años más tarde llegó Trapecista y en 2011, Las cosas que no pude responder. Apuntes sobre mi paso por el invierno, de 2014, fue su último trabajo antes de fichar por Sony Music y lanzar Mis paisajes interiores.
Como escritor destaca por su libro de poemas La triste historia de tu cuerpo sobre el mío (2011), con el que alcanzó los primeros puestos en las listas de ventas del país, y por Todos mis futuros son contigo, publicado por Planeta, con los que ha conseguido ventas superiores a los 100.000 ejemplares.
Hijo de palestino y española y nacido en el barrio de Aluche en 1979, Marwan Abu-Tahoun Recio fue nombrado Músico por la Paz por Federico Mayor Zaragoza en el Parlamento Europeo. Pero sobre todo es un fenómeno de los escenarios, curtido en salas de tamaño medio tanto de España como de Latinoamérica, y ya en los últimos tiempos también en los grandes espacios.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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