Con la presencia de su compañera Lole y de sus hijos Ferran y Dayman Cabrera se celebró ayer en Barcelona el homenaje al trovador uruguayo Quintín Cabrera desaparecido el pasado mes de marzo.
No creo que Quintín Cabrera buscara agradecimiento en sus actos generosos y solidarios, como tampoco lo buscaba en sus canciones. Pero estoy convencido que tampoco buscaba ingratitud ni, su lugarteniente, el olvido.
Seguramente no por gratitud —creo que Quintín ya sabía de nuestro agradecimiento— pero sí para luchar contra el olvido se celebró ayer en Barcelona un concierto-homenaje en recuerdo de Quintín Cabrera que reunió a su compañera y a sus hijos, a muchos compañeros de clandestinidad y de lucha que dieron testimonio de aquellos años y a varios trovadores que cantaron quince de sus canciones.

Jordi Fàbregas, director del CAT y del Festival Tradicionarius, dedicados a la promoción de la música tradicional, interpretó Aquí, una nit —una de tres canciones que Quintín dejó grabadas en catalán— y Seré curioso con texto de Mario Benedetti.

Jaume Arnella, juglar de los de antes, nos entregó una delicada versión de Mi niña quiere dormirse y una divertida El viejito ‘el acordeón.

Joan Isaac, acompañado a la guitarra por Miquel Pujadó, hizo suyas Quase um fado y Amor que tens ma vida.

Ton Rulló y la Pegebanda intepretaron Pero Che, Mateo y Yo nací en Montevideo.

Joan Lluís Parra cantó Señor Presidente y Los reyes son los padres con una sentida interpretación.

Miquel Pujadó cantó No puedo hablar y Las ciudades son libros y nos sorprendió con la divertida canción que Quintín tenía en su contestador automático.

Eliseo Parra demostró en Un largo abrazo de agua que tan sólo un poco de percusión es suficiente para acompañar una gran canción y una buena interpretación. Luego ya con la guitarra cantó Rumba Luna.

Ferran y Dayman Cabrera dedicaron unas emocionadas palabras a su padre.

“Quintín Cabrera, tus amigos te cantan”. Este lema lucía en la pantalla cuando todos los participantes al concierto-homenaje salieron al escenario para cantar conjuntamente Milonga-niza.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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