El cantante y compositor argentino Andrés Calamaro confesó que prefiere ocupar los momentos de alegría para cantar y la soledad para escribir, al tiempo que dice haber sido educado para combatir el fascismo y es "sensible a las necesidades de su pueblo y del mundo".
AFP - "Según mis teorías, el dolor nos paraliza y la alegría hay que vivirla sin necesidad de sentarse a escribir. Para cantar prefiero la alegría; para escribir prefiero la soledad (...) un instante tóxico o el deseo incontrolado de escribir", confiesa en una entrevista al diario chileno La Nación.
De acuerdo con el creador del álbum 'Obras incompletas', el pensamiento ideológico es independiente del estado social y económico de una persona. "Uno puede tener guitarras y convivir con pensamientos inspirados en el marxismo, el desarrollo o las luchas revolucionarias. Estoy educado para combatir el fascismo y soy sensible al dolor y las necesidades de mi pueblo y del mundo", aseveró.
El cantante argentino alertó además que no tiene cuenta en el microblog Twitter y que alguien lo suplanta. "No tengo cuenta en Facebook, ni en Twitter, ni tampoco en Myspace. No puedo controlar a los 'calamaros' libres del mundo virtual", aclaró.
Calamaro presenta un concierto este sábado en Santiago. "Somos casi los mismos, vamos a mostrar nuestros progresos y nuestro elegante deterioro. Tocamos lo que creemos que suena mejor y tampoco ensayamos demasiado; espero que gustemos y nos gustemos", añadió.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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