El cantautor y guitarrista peruano Manuelcha Prado recibió la distinción al cumplir 40 años de trayectoria artística que coincide con el 40 aniversario de la muerte del poeta José María Arguedas.
![]() Manuelcha Prado con sus hijas. Foto perteneciente a la exposicion «Camino del indio».
© Juan Miguel Morales
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El Instituto Vida, organización que desde hace 20 años se dedica a la promoción de la cultura andina, la educación y el gran legado de Arguedas, reconoce todos los años a personajes que entregan su trabajo a la preservación y difusión de las culturas ancestrales del Perú a través del "Premio José María Arguedas".
Años atrás, entre otras personalidades, fueron reconocidos Máximo Damián, Nelson Manrique, Lika Mutal, el Grupo Yuyachkani y otros.
En 2009, cumpliéndose 40 años de la muerte de José María Arguedas y coincidentemente con las cuatro décadas de trayectoria artística del guitarrista y cantautor Manuelcha Prado, el Instituto Vida, dirigido por Paul y Susie Goulder y con sede en Arequipa y Londres, otorgó el pasado miércoles el "Premio José María Arguedas 2009" al cantautor ayacuchano.
En una emotiva ceremonia en la casa Yuyachkani, con números artísticos a cargo de los mismos y del club de quechuahablantes "Baltazar Azpur", el concertista recibió ayer el premio de manos del historiador Nelson Manrique.
Ambos, resaltaron el legado de José María Arguedas y la necesidad de persistir en la difusión y valoración de la gran cultura andina.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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