Presentamos el quinto de nuestros cancioneros y discografías anunciados en el marco de nuestro vigésimo aniversario. María Dolores Pradera siempre ha reivindicado —incluso cuando no estaba de moda— la obra de los grandes autores populares hispanoamericanos, desde José Alfredo Jiménez a Chabuca Granda, pasando por Atahualpa Yupanqui o Carlos Cano. Hoy la reivindicamos a ella.

Con esa delicadeza
propia de una golondrina,
ahí viene la flor más fina,
la rosa más perfumada,
del jardín de la ilusión
donde la cultiva el alma
entre cantos de habanera,
cuecas, milongas y sambas,
que tiene en el corazón
una espinita clavada.
Profunda y negra la voz,
dulce de azúcar moreno,
pa cantar bonitas coplas
a la luz de las estrellas,
al compás de una guitarra
con el alma guerrillera,
los ojos de ella, las manos,
el estilo y la manera
de cantar siendo española
a toda América entera.
Praderita
de las flores,
María Dolores,
María Dolores.
En tus ojos
mal de amores
y en tu boca
una canción.
Cántala María Dolores,
cántala María Dolores,
una canción
llena de flores.
Con tu poncho de colores,
cántala María Dolores,
llena de luz
tu corazón.
Por qué tanto padecer,
para qué tanto quebranto
si acabaremos en flor,
Dios mío si somos nardo.
Parte somos del cariño
de animalitos del campo,
de pajaritos del cielo,
nubes,sueños, desencanto.
Por qué tanto padecer,
para qué tanto quebranto.
Volando se fue el amor
con su fuerza misteriosa,
por eso dura tan poco,
es lo mismo que una rosa,
esa flor para el olvido
que se muere si la tocas.
Por culpa de los suspiros
anda con el alma rota.
Volando se fue el amor
con su cabecita loca.
(María Dolores Pradera, Carlos Cano)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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