Presentamos el quinto de nuestros cancioneros y discografías anunciados en el marco de nuestro vigésimo aniversario. María Dolores Pradera siempre ha reivindicado —incluso cuando no estaba de moda— la obra de los grandes autores populares hispanoamericanos, desde José Alfredo Jiménez a Chabuca Granda, pasando por Atahualpa Yupanqui o Carlos Cano. Hoy la reivindicamos a ella.

Con esa delicadeza
propia de una golondrina,
ahí viene la flor más fina,
la rosa más perfumada,
del jardín de la ilusión
donde la cultiva el alma
entre cantos de habanera,
cuecas, milongas y sambas,
que tiene en el corazón
una espinita clavada.
Profunda y negra la voz,
dulce de azúcar moreno,
pa cantar bonitas coplas
a la luz de las estrellas,
al compás de una guitarra
con el alma guerrillera,
los ojos de ella, las manos,
el estilo y la manera
de cantar siendo española
a toda América entera.
Praderita
de las flores,
María Dolores,
María Dolores.
En tus ojos
mal de amores
y en tu boca
una canción.
Cántala María Dolores,
cántala María Dolores,
una canción
llena de flores.
Con tu poncho de colores,
cántala María Dolores,
llena de luz
tu corazón.
Por qué tanto padecer,
para qué tanto quebranto
si acabaremos en flor,
Dios mío si somos nardo.
Parte somos del cariño
de animalitos del campo,
de pajaritos del cielo,
nubes,sueños, desencanto.
Por qué tanto padecer,
para qué tanto quebranto.
Volando se fue el amor
con su fuerza misteriosa,
por eso dura tan poco,
es lo mismo que una rosa,
esa flor para el olvido
que se muere si la tocas.
Por culpa de los suspiros
anda con el alma rota.
Volando se fue el amor
con su cabecita loca.
(María Dolores Pradera, Carlos Cano)
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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