La cantautora de Mali Khaira Arby, también conocida como la "ruiseñor de Tombuctú" y la "diva del desierto", falleció el pasado domingo en un hospital de Bamako por problemas cardíacos, según comunicaron fuentes familiares.

Nacida en Tombuctú en 1959 e hija de un padre tuareg y de una madre songhaï, cantaba desde su joven edad para casamientos y fiestas tradicionales, pero tuvo que luchar primero contra su padre y después su marido, opuestos a que expandiera sus horizontes.
Miembro por derecho propio de la pléyade de músicos del noroeste maliense donde se ubica su ciudad natal de Tombuctú, poseía una voz potente y llena de matices que le permitieron imponerse a todos los prejuicios y obstáculos, pero no fue hasta 2010 que pudo grabar su primer álbum, Timbuktu Tarab, suficiente para consagrarla más allá de las fronteras de su país.
Además de su calidad vocal, la intérprete abordaba en sus interpretaciones temas sociales candentes, entre ellos la mutilación genital femenina, decisión que la enfrentó con los grupos armados islamistas y tuaregs que operan en el norte de su país.
A las agresiones de esas entidades, Arby respondía que "nuestra religión nunca ha prohibido la música. El Profeta (Mohamed) fue recibido con canciones a su llegada a la Meca. Cortarnos la música es como impedirnos respirar. Pero seguimos luchando y vamos a triunfar".
Escribió y cantó en las principales lenguas de la región como el songhaï, el tamachek o tuareg, el bambara, el árabe e incluso en francés.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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