Hay alguien que vela cuando todo el mundo duerme y alguien que hace el amor con una chica núbil. Vagando por la librería del FNAC encontré una antología de Miquel Martí i Pol. Aunque a partir de un momento dejó de acompañarme fue mi primer poeta, y abrí el libro y me reencontré. Nuestra vida son muchos hilos y si los estiras puedes ver el comienzo. Volver a leer algunos poemas de Martí y Pol fue exactamente revisitarme. Las primeras estructuras, los primeros ritmos. Los primeros versos copiados, el primer mundo referencial. Así aprendí a escribir. Hay alguien que vela cuando todo el mundo duerme, alguien que hace el amor con una chica núbil. He oído decir que eso es cursi, pero mientras iba de un poema al otro, más que sorprenderme los que todavía me sabía, me sorprendió la cantidad de cosas que estos versos saben de mí. Me senté encima de un cajón y empecé a pasar las páginas. Estos versos tienen toda la información de cómo fue mi vida mientras los leí. Incluso ahora que ya no me dicen nada, incluso ahora que ya no me servirían, lo siguen sabiendo todo de mí, conservan intactos los datos. Estos versos son mi manera de concebir un texto, el gusto por una determinada retórica que imitada una y mil veces es la retórica que hoy utilizo; estos versos lo saben todo de mí aunque ya no puedan acompañarme. Son el comienzo del hilo que estirándolo me ha llevado hasta aquí, la dureza de la primera tozudez. Una civilización son sus poetas, y cuando al principio del hilo no hay poetas es la barbarie. Una civilización son sus cadencias y su imaginario. Su versificación, sus himnos. Hay todo eso y alguien que vela cuando todo el mundo duerme, alguien que hace el amor con una chica núbil.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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